Los costos de la corrupción

Mayo 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

La lacra de la corrupción es un lastre de grandes proporciones para el desarrollo de una sociedad, y lo que estamos viviendo con el destapar diario de ollas podridas pone en evidencia el gran reto que tiene el país por delante y, a su vez, el retraso que acarrea este tipo de situaciones. Sólo pensar en lo que representa el desangre del sistema de salud y el daño que causan estos delincuentes a miles y miles de colombianos debería ser suficiente para que Colombia emprendiera un esfuerzo de grandes proporciones para superar el problema. Lo grave es que no es este un caso aislado, sino que es sólo un caso emblemático de una plaga que se ha ido tomando entidades del orden tanto nacional como local y que involucra no sólo a funcionarios públicos, sino a muchos actores privados que ven en el dinero fácil un camino de enriquecimiento. La generalización del fenómeno y el ritmo a que ha venido creciendo en los últimos años deja muchos temas de reflexión y muchas enseñanzas por recoger pues, sin duda, un buen diagnóstico de que lo que ha ocurrido ayudará mucho a enfrentar el problema. El alcance del fenómeno, de otra parte, tiene múltiples dimensiones y va más allá del problema ético o del impacto económico. Entre otros, nos hace perder competitividad y mucho del terreno ganado en cuanto a posicionamiento en el mundo como país que comienza a salir de sus problemas; pero también tiene graves consecuencias en temas menos evidentes como es el de la parálisis que acarrea al funcionamiento del Estado por cuenta del efecto que genera sobre la inmensa mayoría de los funcionarios públicos. Funcionarios que en gran medida son personas honestas y dedicadas, pero que ven con gran temor el riesgo de verse involucrados en problemas jurídicos y disciplinarios. Qué bueno ver unos organismos de control actuando de manera decidida y llegando a todos los niveles de participación, pero, no es menos cierto, esto tiene efectos entre quienes tienen la responsabilidad del funcionamiento del Estado y ven con preocupación los riesgos que les pueden acarrear sus actuaciones por más legales que ellas sean. Un caso ilustrativo es el de las ayudas a los afectados por la ola invernal. Qué más urgente que poder atender oportunamente a gente tan golpeada por el fenómeno, pero cuando se mira el asunto desde el otro lado de la mesa queda uno desconcertado por la cantidad de requerimientos y trámites que es necesario cumplir por cuenta de las precauciones necesarias para evitar que los corruptos se apoderan de los recursos. Por el otro lado, es evidente la actitud excesivamente cautelosa de algunos funcionarios que responden por los recursos y terminan dilatando la ejecución de los programas a pesar de la buena voluntad que tengan para sacar adelante tan complejos retos. Se trata de actitudes comprensibles y muy humanas, pero muy perjudiciales, pues terminan ahuyentando a buenos funcionarios que prefieren alejarse del servicio público antes que verse involucrados en situaciones originadas en el fenómeno de la corrupción.

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