Las cartas están jugadas

Las cartas están jugadas

Octubre 01, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Los colombianos somos una personas muy raras. Hemos sido capaces de enfrentar retos tan complejos como el del narcotráfico y con todos los problemas que subsisten vamos saliendo adelante. Ahora que estamos a punto de pasar la página de una de las más grandes y prolongadas tragedias nacionales, como ha sido el conflicto con las Farc, recordaba un episodio que nos describe bastante bien. Hace unos años tuve la oportunidad de escuchar a una persona que había estado involucrada en las negociaciones con el IRA en Irlanda que había sido invitada para que opinara sobre el conflicto colombiano. Decía este señor, cuyo nombre no recuerdo, que después de una semana de viajar por el país y de hablar con diversas personas concluía que este era un conflicto muy particular pues no había logrado entender entre quien y quien era la lucha y menos saber por qué seguían peleando. Esos eran tiempos de auge de los carteles, de los paramilitares y de más grupos y grupúsculos guerrilleros, entonces tal vez la cosa era más confusa. Él se preguntaba, sin embargo, por qué si aquí no hay conflictos religiosos, ni étnicos, ni fronterizos, ni tampoco culturales, sino que por el contrario teníamos tantas cosas en común, seguíamos matándonos. Interrogantes muy válidos que ponen de presente nuestras particularidades y paradojas. Nos hacen encuestas y salimos como uno de los países más felices del mundo y no es casual que los extranjeros se enamoren de Colombia por la hospitalidad, la amabilidad y la alegría de nuestros compatriotas y, a la vez, las estadísticas en las grandes ciudades muestran que el día más violento del año es para nuestro país el día de la madre. ¿Quién entiende esos contrastes?Pues bien, fieles a nuestra tradición el actual proceso de paz es otra muestra de locura. ¿Cómo puede ser posible que el país haya llegado al nivel de polarización en que estamos por cuenta de un tema como la paz? Eso no lo entiende ningún observador externo y tampoco lo entenderán nuestros descendientes cuando lean los libros de historia y encuentren que sus padres o abuelos estaban enfrentados por este tema. Explicaciones y justificaciones habrá muchas para lo que está ocurriendo. No obstante, llámese como se llame lo que ha ocurrido, este absurdo enfrentamiento no tiene justificación ni sentido.El reto es ahora ser capaces de salir de este barrial y entender que lo que tenemos que defender es la democracia y es de su esencia el respetar los resultados de las urnas y aceptar la posición de las mayorías. A estas horas sólo queda conocer los resultados del plebiscito que espero sea ampliamente mayoritario por el Sí pues estoy convencido que nuestros hijos deben tener la oportunidad de vivir en una paz que a nosotros no nos tocó, y vale la pena asumir los riesgos del proceso antes que quedarnos con el escenario que ya conocemos. Y si gana el No pues hay que reconocerlo y pasar esta página buscando a futuro consensos frente a temas tan de fondo. A los responsables de esta polarización, la historia los juzgará.

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