Insólito

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Febrero 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Resulta desconcertante el debate de estos días con relación al Aeropuerto Eldorado. ¿A quién le cabe en la cabeza que, cuando estamos todavía lejos de la inauguración de lo que debería ser el flamante aeropuerto de la capital de un país Civet de 45 millones de habitantes, se esté llegando a la conclusión de que ese aeropuerto ya estará obsoleto el día de su inauguración? Es cierto que el tráfico aéreo puede haber crecido más de lo que se esperaba, como afirma la Aeronáutica, pero, ¿es razonable que un proyecto de semejante magnitud no se hubiera diseñado con los márgenes de holgura suficientes para atender las necesidades de la ciudad de, por lo menos, los próximos veinte años? Parecía que después de la telenovela sobre si tumbar o no el edificio antiguo ya se había logrado superar los problemas para contar con el aeropuerto que requiere la capital. Pues bien, eso era nada frente al problema que se enfrenta. ¿Cómo se va a manejar, por el otro lado, el tema del tráfico aéreo nocturno? Es completamente absurdo que con una movilización de carga que lo ubica entre los primeros aeropuertos del Continente, después de las 10:00 p.m. la operación esté restringida por encontrarse en una zona residencial.‘Pico y placa’ para los vuelos privados, discusiones sobre la necesidad de hacer un nuevo aeropuerto, o una nueva pista en Guaymaral no serían extraños si estuviéramos en las épocas del aeropuerto tradicional, pero ¿qué sentido tiene que se estén dando cuando se está en plena construcción del nuevo? ¿Por qué no estamos pensando, más bien, en instalar todos los equipos y capacitar a los controladores para desarrollar una operación con estándares internacionales? En fin, es algo muy difícil de entender y algo que tendrá un efecto muy negativo no sólo sobre Bogotá, sino sobre el resto del país ya que el aeropuerto capitalino es el punto de interconexión para el resto de la Nación. El tema de Eldorado, que parecería local, resulta entonces ser un tema del interés nacional.El problema es consecuencia de no pensar en grande, de dejarse manipular por intereses de todo tipo que impiden los grandes proyectos de beneficio general, y de falta de visión por no entender el impacto y el alcance que una obra como ésta podría tener en el progreso nacional. Es éste un gran lunar para las administraciones que tuvieron que ver en el desarrollo de esta obra. Proyecto que, por lo demás, contó, según dicen los medios, con numerosos estudios y evaluaciones, pero que, a la postre, parece que poco sirvieron. El país no puede seguir actuando con esa actitud de hacer cositas y llenarnos de remiendos. Un túnel de La Línea en un solo sentido, unas dobles calzadas estrechas, arreglitos de carreteras, etc., etc., no son el camino para contar con la infraestructura que el país requiere. Hay que revisar, sin duda, el esquema de contratación y hay que hacerlo rápido y, a partir de ese momento, hay que poner el acelerador para recuperar algo del tremendo retraso que traemos.

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