Indignación 3

Indignación 3

Junio 30, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

No resulta grato hablar del penoso episodio vivido en la semana que termina por cuenta de la tristemente famosa reforma de la Justicia. Infortunadamente fue tan grave lo ocurrido que no es posible abstraerse de ello. Se trata de un episodio que todos quisiéramos olvidar, pero va a ser muy difícil hacerlo pues falta mucho por ver para entender el alcance que todo esto puede llegar a tener. De más está decir que todo salió muy mal y ninguno de los involucrados directamente se salva del efecto negativo de lo ocurrido; y los relacionados indirectamente, o sea el resto del país, en diferentes formas vamos a terminar afectados. Es cierto que las cosas hubieran podido resultar aún peor si se aprueba el monstruo que se había creado y hundir la reforma era el camino correcto.Poniendo a un lado lo obvio lo sucedido debería dejar más de una enseñanza. Una de las primeras preguntas que vale la pena hacerse es si fue la reacción ciudadana lo que frenó lo que se venía o si se trató de algo diferente. Hace algunos meses dediqué dos columnas al tema de los ‘Indignados’ y hacía referencia al fenómeno social que tomaba fuerza tanto en Europa como en Estados Unidos, lugares donde se llevaban a cabo importantes movilizaciones rechazando la debacle económica y el deterioro en su calidad de vida. Decíamos que era difícil saber a dónde iban esos movimientos pero que, sin duda, lo que estaba ocurriendo iba a tener consecuencias a nivel global pues la gente del común tomaría conciencia de que tenía la posibilidad y el derecho de sentirse indignada y de expresar su indignación por cuenta de actitudes y acciones de quienes tienen la posibilidad de tomar las decisiones que los afectan.Sin duda en este triste episodio de la reforma los ciudadanos se sintieron indignados y la reacción fue no sólo fuerte y rápida sino civilizada. Nadie habló de acudir a las vías de hecho, sino de acudir a las opciones institucionales. Se habló de revocatoria, de referendo, de recolectar firmas, etc., y eso muestra que, a pesar de todo, hay reconocimiento y respeto por las instituciones. El riesgo radica en que las primeras encuestas que se están produciendo después del infortunado episodio estarían mostrando indicios de una pérdida de confianza en las instituciones y eso sería un costo altísimo para el país y un retroceso monumental frente a lo que se había avanzado. El reto del Gobierno es hacer la lectura correcta de un momento tan complejo para recuperar el liderazgo sobre la opinión pública y frenar esa preocupante tendencia y, de otra parte, entender las características del fenómeno social que se produjo. De más está decir que los medios y las redes sociales jugaron un papel importante en lo ocurrido, pero hay que entender si eso se puede convertir en algo más estructurado y duradero o si no va a pasar de ser una reacción emotiva y coyuntural. Ese es el reto del Gobierno y de cómo reaccione dependerá mucho de lo que viene por delante para el país y para el propio gobierno.

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