Estupidez

Agosto 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

La virulencia de La Niña en Colombia, las temperaturas record en el presente verano en diversos países, las inundaciones en Filipinas, las del sur de Pakistán hace quince días, las inundaciones en Australia de hace un año que cubrieron un área superior a la de Francia y Alemania combinadas, el huracan Irene que puso en riesgo a la ciudad de New York, la sequía del Amazonas y la que está atravesando este año Estados Unidos y las impresionantes lluvias en la China el pasado mes de julio o el derretimiento de la superficie helada de Groenlandia son solo algunos ejemplos de lo que el mundo está viviendo. Sin la menor duda se están presentando cambios climáticos extremos, ellos son cada vez mas frecuentes y están ocurriendo a lo largo y ancho del planeta. De otra parte la evidencia científica soportada en infinidad de investigaciones, trabajos de campo, simulaciones computarizadas y la recopilación de información cada vez mas precisa han llevado a científicos de todo el planeta, tanto a nivel individual como de las Academias Nacionales y las especializadas en el clima, a concluir que, en gran medida, lo que viene ocurriendo tiene su explicación en las acciones del hombre que con una economía y unos hábitos generadores de alto carbono contribuyen de manera dramática al agravamiento del “efecto invernadero” y al calentamiento global con esa consecuencia del aumento de una variabilidad climática cada vez mas pronunciada y cada vez mas cerca de un punto de no retorno para la supervivencia de la raza humana, al menos en las condiciones que la conocemos.Ante situaciones de estas características cualquier observador desprevenido estaría pensando que sería sencillo lograr sumar voluntades y decisiones políticas para neutralizar la amenaza y poder construir un planeta mas amable para todos. Pues bien, esto que parecería una “perogrullada” no encuentra un camino para convertirse en acciones y el cambio de rumbo que requiere la civilizadción parecería mas difícil lograr, en un corto plazo.Sin duda, los EEUU han tenido mucho que ver y su negativa a firmar el Protocolo de Kyoto ha tenido efectos muy perversos sobre el tema. Con el peso relativo de ese país, en tiempos en los que las otras grandes economías atraviesan dificultades, lo que haga o deje de hacer tendrá importantes consecuencias en los posibles caminos de solución. Por eso resulta tan inquietante que el tema en norteamérica, en lugar de ser un propósito bipartidista que permitiera emprender iniciativas de Estado antes que de Gobierno, se haya politizado y se vea como un tema demócrata que los republicanos se sienten obligados a rechazar. Mucho mas preocupa esto en una coyuntura en la que los fundamentalismos y la irracionalidad cada vez toman mas espacio e impiden la sensatez, como se ha visto esta semana con el caso del representante Atkin. En esas circunstancias los grupos de interés asociados a las industrias de los combustibles fósiles encuentran el camino allanado para frenar muchas acciones que contribuirían a moderar el problema y a que EEUU pueda liderar lo que debería ser un esfuerzo planetario. ¿Será posible tanta estupidez?

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