El país hermano

Junio 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Venezuela es, sin lugar a dudas, no solo parte de nuestra historia sino parte de nuestro presente y de nuestro futuro. Siempre estará ahí y será nuestra vecina de barrio. Por años la vimos como algo folclórico cuando la asociábamos al nuevo rico del vecindario y llegó a tener períodos en que el calificativo de ‘Venezuela Saudita’ describía bien la imagen que proyectaba. Más adelante fue nuestro gran socio comercial y quedó en evidencia el potencial de complementación productiva que tenían los dos países. En todos los casos, con una mezcla de envidia y admiración, había conciencia de que independientemente de sus actuaciones de nuevo rico todo tenía un fundamento muy sólido pues es un país privilegiado por su dotación de recursos naturales, especialmente por cuanto hace a energía y minerales.Por todo aquello resulta tan incomprensible ver el estado de deterioro de su economía, los estantes vacíos, las colas para comprar papel higiénico e, incluso, que se hable de la posibilidad de poner en operación sistemas de racionamiento. Un país que había logrado grandes avances en la formación de sus profesionales tiene que ver que los mejores y muchos empresarios buscan opciones para establecerse en otros países entre los que Colombia aparece como uno de los preferidos para fortuna nuestra, que podemos recibir gente bien preparada e inversionistas dispuestos a jugársela por nuestro país.No hay duda que ha sido una visión de gobierno y de sociedad que aunque pudiera estar bien intencionada no ha podido responder a sus propias expectativas y que, si bien ha logrado avances en algunos campos y favorecido a algunos grupos de población, ha dado lugar también a la corrupción y a la consolidación de grupos emergentes que se constituyen en lo que han denominado la ‘boliburgesía’. Más preocupante aún lo que se ve es que la sostenibilidad económica y política del país es cada vez más dudosa, pues no solo el país tiene su aparato productivo en crisis sino que el país está completamente dividido como claramente se registró en las pasadas elecciones.El desespero de los gobernantes es palpable cuando tienen que armar las telenovelas que hemos visto por estos días. Conspiraciones desde Colombia para envenenar lentamente al Presidente, aviones de combate comprados por la oposición listos para bombardear Miraflores desde bases norteamericanas en nuestro territorio (?), replanteamiento de las relaciones con Colombia por el rechazo a las decisiones soberanas de nuestro Presidente sobre a quién recibe en su despacho etc, etc. Una situación que haría reír si no fuera por las consecuencias imprevisibles que pudiera llegar a tener.Es un estado patético el de nuestros vecinos que, ojalá, puedan encontrar caminos para salir adelante pero que, lamentablemente, por lo que se ha visto en las últimas semanas no deja mucho margen para el optimismo y, por el contrario, hace más exigente que nunca la prudencia, el tacto y la firmeza de nuestro gobierno para manejar la coyuntura teniendo en cuenta que, en cualquier circunstancia, siempre serán nuestros vecinos y nada es mas deseable que una buena convivencia con ‘el de la casa de al lado’.

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