El mensaje

Enero 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

En 1967 un filósofo y profesor de literatura canadiense, Marshall MacLuhan, se hizo famoso con la frase que acuñó diciendo que “el medio es el mensaje” donde ponía de presente la importancia que iban a tener los medios de comunicación en la sociedad del futuro y, además, anticipaba el mundo intercomunicado e interrelacionado de hoy al hablar de la ‘aldea global’, término que no llama la atención en estos tiempos, pero que era verdaderamente futurista por la época en que planteó sus tesis. La referencia al señor MacLuhan viene al caso al pensar en lo que es el día a día de nuestras sociedades, ya sea en el ámbito internacional o que lo dejemos circunscrito a lo local. Son los medios los que nos imponen los temas, las agendas y, muchas veces, las decisiones de quienes tienen la capacidad de tomarlas. Obviamente, los medios en abstracto no son nada sin quienes estén detrás orientándolos, manipulándolos o simplemente alimentando en su sed insaciable de ofrecer contenidos, noticias y, por sobre todo, audiencia, pues eso es lo que genera las utilidades. Los ejemplos son innumerables y sólo basta pensar en lo que han sido algunos de LOS TEMAS de los últimos días para reflexionar sobre estas situaciones. ¿Será, por ejemplo, que las corridas de toros o el chamán merecen el protagonismo que han tenido en estos días, dejando a un lado los incontables temas de fondo que deberían ocupar la atención de la opinión? ¿ Es por falta de tema que se le dedica tanta energía a estos y otros tantos similares, o será por una acción deliberada de desviar la atención, pues se conocen las reacciones del gran público que encuentra en este tipo de asuntos un gran atractivo y se deja llevar fácilmente a ellos ayudando, de otro lado, a que suban las cifras de audiencia de los medios que las difunden? La respuesta puede ser cualquiera, pero lo que sí queda en evidencia es lo fácil que es mover las corrientes de opinión de un ciudadano acostumbrado a la orientación de los noticieros de televisión y las telenovelas. El problema, de otra parte, no es sólo de Colombia; algo parecido, o incluso peor, se observa en países como los Estados Unidos, donde los electores terminan definiendo sus votos y sus simpatías por personas y posiciones incomprensibles si no se analiza en el contexto de la manipulación que sobre ellos ejercen los medios de comunicación.La responsabilidad de quienes tienen el manejo y orientación de los medios es inmensa. Infortunadamente en sus decisiones siempre va a pesar, de manera muy significativa, el resultado económico de lo que hagan. La regulación de los contenidos, por su parte, sería un remedio peor que la enfermedad, pues a pesar de todo, la libertad de opinión siempre es mejor que cualquier tipo de censura. Hay que ser optimistas y pensar que algún sentido de responsabilidad debería estar presente en ese proceso de orientar la opinión. Ojalá no sea sólo pensar con el deseo y se entienda lo que está en juego.

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