Abismo fiscal

Noviembre 17, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Con unos resultados que fueron menos litigiosos de lo que se pensaba el presidente Obama fue reelegido. El proceso no deja de plantear muchas dudas e inquietudes pues resulta muy difícil de entender que un país con el peso que tiene en el contexto global, desde cualquiera que sea la dimensión que se mire, esté viviendo una situación tan confusa. La polarización que se ha venido dando y los temas que mueven la opinión no dejan de ser extraños para una sociedad que podría ser ejemplo de madurez. Por el contrario, muchos de los temas que se debaten más parecen discusiones medievales que asuntos para debatir a estas alturas de la historia. Si esas fuerzas reaccionarias y fundamentalistas que se expresaron de manera tan vehemente en esta campaña alcanzaran el poder los riesgos de confrontaciones culturales más severas sería cada vez mayor cuando se observa, por su parte, el fundamentalismo creciente en el mundo islámico.Pero, de otra parte, las posiciones aislacionistas y xenófobas que ha radicalizado el rechazo a los inmigrantes en muchos lugares es, a su vez, una demostración que muchos norteamericanos se niegan a reconocer pero que es la realidad. Ese es un país en el que las clases dirigentes Wasp (White Anglo Saxon Protestants) son cada vez menos relevantes y, por el contrario, las nuevas minorías ocupan cada día espacios más protagónicos. En particular los hispanos se han convertido en un actor cada vez más importante en lo que sucede en esa sociedad y las tendencias de crecimiento indican que lo serán cada vez más. Los resultados de estas últimas elecciones mostraron lo decisivos que pueden ser los latinos en los procesos electorales y ya no es nada extraño ver los apellidos hispanos en cargos de responsabilidad en todos los niveles.Los retos de Obama son grandes y ojalá haya entendido que ajustarse a estas nuevas realidades le dará más posibilidades de sacar adelante un mandato que, hasta ahora, no parece ser especialmente destacado. Los retos son muy grandes y especialmente la economía debe ser una verdadera prioridad para adelantar una gestión exitosa. El problema es que si un tema tan delicado se va enfrentar en menos de un mes a la irracionalidad de los republicanos oponiéndose de nuevo a aprobar el presupuesto, las perspectivas no resultan muy esperanzadoras. En este sentido la tesis del embajador Gabriel Silva hace unos días en cuanto a que paradójicamente Romney puede convertirse en una pieza clave en este momento puede ser muy interesante. Si Obama no encuentra respaldo en jugadores claves en el Partido Republicano el comienzo de su mandato será en el medio de una nueva tormenta. Romney, por su parte, puede haber entendido, después de su derrota y del proceso electoral en el que debió oír muchos puntos de vista, que tiene una oportunidad para ponerse por encima de los odios y actuar como estadista ayudando a superar este obstáculo inmediato. Si se lograra esto Obama puede dedicarse a defender su reforma de salud, a impulsar sus proyectos de inmigración y a buscar de manera decidida la recuperación de la frágil economía. Si, por el contrario, inicia su mandato con el llamado ‘abismo fiscal’ las cosas no van a ser fáciles.

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