100 días

Marzo 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Por alguna razón se ha considerado que 100 días es un lapso oportuno para realizar una primera evaluación de la gestión de los gobernantes. Pues bien, ese plazo está a punto de cumplirse con gobernadores y alcaldes y analistas y medios de comunicación estarán haciendo el balance de cada uno de ellos. Aquellos que no pretenden saberlas todas se beneficiarán de este corte de cuentas y procurarán corregir el rumbo cuando fuera del caso. Otros, más arrogantes, desconocerán esta evaluación y se empecinarán en sus posiciones con altos riesgos para sus resultados.En esta primera etapa puede que se cometan equivocaciones y se desconozcan ejecutorías pero, no es menos cierto, son un buen termómetro de lo que los gobernantes están construyendo en relación con sus gobernados. Es claro que los habitantes de las ciudades y de los departamentos ya no van a estar interesados en cuántas denuncias se hacen, ni sobre los viajes internacionales que hayan emprendido, o sobre los planteamientos de campaña que se pudieran seguir haciendo. Lo que va a importar son las ejecutorías. Los ciudadanos quieren saber qué se ha hecho y qué se va a hacer en materia de seguridad, de movilidad, de vivienda, de generación de empleo y etc, etc. Lo demás pasa a un segundo plano. Las ejecutorías deben ser tangibles y poco sirve la retórica.Tangible, por ejemplo, es lo que se ha logrado en Medellín. Había oído y había leído sobre la biblioteca que el Gobierno de España había donado a la ciudad pero no la conocía ‘en vivo y en directo’. Tuve la oportunidad de hacerlo y la visita empezó por tomar el metro en la estación Poblado para hacer conexión con el Metrocable. La limpieza y el buen mantenimiento del sistema del metro genera la primera buena impresión. Unos compañeros de viaje que nos vieron la cara de turistas nos preguntaron si conocíamos el Parque Arví. Cuando les dijimos que no, nos dijeron que debíamos tomar la otra línea del Metrocable para conocerlo. Gran sorpresa descubrir que ya había no una sino dos líneas en operación y qué grata experiencia encontrar un bello parque bien mantenido y muy concurrido por paisas de todos los estratos sociales.Al regreso la parada en la Biblioteca Santodomingo fue otra grata sorpresa. A semejanza de las grandes bibliotecas de la Bogotá de Peñaloza y Mockus esta es una bella instalación que presta un servicio excepcional a ciudadanos que anteriormente estaban inmersos en las luchas de pandillas. Cientos de niños leyendo, navegando por internet y compartiendo con sus padres tienen que contribuir de manera sustancial en la construcción de ciudadanía.Esas son realizaciones y como esta se podrían mencionar muchas más en esta y en otras ciudades. Eso es lo que debe inspirar a los nuevos alcaldes para que midan por qué rasero los van a evaluar. Ya pasó la época de los discursos y de las denuncias. Tienen que pensar es en cuántos Metrocables y bibliotecas o proyectos equivalentes van a dejar a quienes les confiaron la dirección de sus ciudades.

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