“Viva la paz”

Noviembre 24, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

“Así trinaba alegremente un colibrí sentimental, sencillo, parado en el anillo de una culebra mapaná. Mientras que en un papayo un guacamayo bisojo y medio cínico reía: ¡Cuá cuá!..”.Es parte de un poema que escribió el sardónico y talentoso poeta cartagenero Luis Carlos López, cuando en este país -consagrado al Sagrado Corazón de Jesús- nadie creía en el silencio de los fusiles, ni en el campo: ahora renaciente. Con sus alegres, confiados y sencillos habitantes de regreso de la huida por la mortandad. El campo ¡vivo de nuevo! y salvado de lo que parecía naufragio inevitable. Hasta hace poco un desolado pesimismo era sentimiento de los compatriotas, azotados por la infamia de una violencia atroz que parecía volverse crónica. La actitud fatalista frente a una lucha que pasó de 50 años, cambió sustancialmente. Por esas cosas que solo ocurren en la atormentada Colombia, el sentir colectivo es distinto. De ese escepticismo, se volvió a tener esperanza de paz que parecía perdida para siempre. Los actores armados entendieron que nuestra confrontación -con el saldo de miles de muertos, daño económico en el campo, miles de exiliados en las ciudades- es algo demencial que no tiene justificación alguna. No deja nada distinto a desolación, odio y ruinas. Ese cambio tan favorable es bautizo para una nueva Colombia.El final es inevitable. La paz volverá. Esa es la mejor noticia que hemos tenido en 54 años de guerra. Falta oficializar el fin del anacrónico conflicto y emprender la segunda etapa: sembrar la paz, asegurarla, dar salida al problema de los reinsertados, etc., etc. Tarea larga, dura e ineludible. ¿Para esta tarea gigante, llena de dificultades y riesgos, están preparados la sociedad colombiana, el gobierno, tirios y troyanos? Espero que sí, Nadie puede darse el lujo de negar su colaboración al renacimiento de la nación agobiada por la plaga de la violencia. ¡Basta ya!, ¡no más crimen!, ¡ni asaltos!, ¡ni secuestros!, ¡ni muertes de niños! ¡mujeres!, ¡campesinos inermes! El país tiene que superar el dilema: ¡Paz integral!, ¡o final del Esta-do Democrático! Es hora. No hay alternativa. En ese propósito es-tán las mayorías que han cumplido de sobra con su alta cuota de desgracias. ¡Paz ahora y para siempre!

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