Vientos de Paz

Diciembre 21, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Hay razones para un moderado optimismo sobre el avance de las gestiones de paz en una nación que ha padecido por décadas la siniestra violencia de una guerra civil no declarada. Una de las más largas y sangrientas de Latinoamérica. Tenemos un nuevo Gobierno; serio y fuerte. Y un Presidente que pasará a la historia. Con carácter, firmeza e ideas claras sobre lo que debe hacerse para la pacificación de una nación afectada por un enfrentamiento que ha consumido gran parte de las energías nacionales y retrasado su avance en la comunidad latinoamericana.Del pesimismo colectivo se pasó a una tímida confianza en el futuro. En el gobierno de Santos las ‘condiciones objetivas’, de que hablan los politólogos, son favorables. El paso del tiempo dejó claro que llegar al poder por el camino de las armas es una utopía. Tampoco es sencillo para el Estado acabar con las organizaciones armadas de un momento a otro. Tendrá que llegar el acuerdo final que devuelva la paz perdida; o la Nación entrará en una etapa terminal.El Estado no se dejó tumbar. Y la guerrilla no desapareció. El diálogo y la negociación política van camino a sustituir la dialéctica de las armas. La salida por la vía democrática del voto fue escogida por la inmensa mayoría de compatriotas, hastiados de una confrontación absurda. Santos no esconde su interés en un acuerdo duradero y serio con la guerrilla. Que no está distanciada de esa instancia. Cada día, como en el poema de Zalamea, “Crece, crece la audiencia”. El Presidente sabe de la aspiración por el final del conflicto. Está en una posición muy favorable y cuenta en ese propósito con el apoyo de Estados Unidos, América Latina y la Unión Europea. Eso le permite negociar con respaldo y autoridad.La paz es requisito básico para el desarrollo. La guerra, de persistir, colocaría la Nación como paria en Latinoamérica. El progreso se limita, por efectos de la contienda. Seguir como vamos, es acabar en el último lugar de la región. Años de enfrentamientos y barbarie deben terminar, si queremos preservar la democracia y avanzar en el progreso de un país con enorme potencial.El avance económico es eficaz instrumento para la paz. La miseria es caldo de cultivo que genera violencia y nutre las organizaciones armadas. Si queremos la pacificación, tenemos que avanzar en el desarrollo de la sociedad colombiana. Santos es un presidente que cuenta con la solidaridad indispensable para superar el subdesarrollo y los conflictos sociales.

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