Unidos o perdidos

Abril 26, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El difícil momento económico de Brasil -la nación más grande y de mayor desarrollo de América Latina- tiene como componentes principales la corrupción, recesión, inflación y desempleo. Más notables en un país que es la vanguardia del progreso económico y social de la región y tiene reconocimiento de ruropeos y asiáticos como socio comercial de primer nivel. En la actualidad, esa vigorosa presencia se desdibujó: más parece uno de los países del tercer mundo, que la potencia que llegó a ocupar el 5º nivel entre las naciones del Planeta. Su conflictiva situación no solo afecta a sus habitantes: lesiona la imagen de América Latina. En particular, frente a los Europeos, con los que tiene una apreciable relación comercial y ayuda tecnológica. Estudios, encuestas, investigaciones, coinciden en la impresionante disminución del desarrollo del país vecino. A los que se agrega crisis política, por la extrema debilidad del gobierno; la pésima hora de los partidos tradicionales repudiados por los ciudadanos; y la baja venta de sus productos a firmas europeas. Serio, muy serio, lo que le ocurre al gigante: según el Fondo Monetario Internacional, al finalizar este año Brasil registraría una caída del 3,6% en su producto interno bruto. Se agrava más el inquietante proceso negativo por la debilidad de los sectores que tienen a su cargo el proceso de crecimiento y la incidencia social que produzca. Podría decirse que el drama social de nuestros vecinos, es de una explosiva naturaleza que lo hace más peligroso. El pueblo de Brasil es uno de los más pacíficos del mundo. Pero, en la etapa, han surgido expresiones violentas en diversas zonas, que no auguran nada bueno. Al punto que rn un periódico tan serio como el ‘Financial Times’, se llegó a concluir que la nación afectada podría estar en vísperas de un estallido de imprevisibles consecuencias. Eso tendría consecuencias negativas en todo el sector; que un país con una traición de manejo pacífico de sus problemas sociales llegue a un conflicto violento de ese tipo, es una invitación a los habitantes de Latinoamérica a seguir ese nefasto camino. ¿Hay salida? Sí. Lejana para muchos, pero factible. Brasil tiene evidente capacidad para resolver sus más complejas dificultades. Si el sector dirigente cambia de política -o se renueva por acción popular- el gigante podrá superar la variada serie de conflictos que lo perturban. Pero no hay duda que, con la dirigencia actual, esa urgente tarea es bastante improbable.

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