Unidad contra la violencia

Mayo 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La economía crece en Latinoamérica. En el caso de Colombia lo que se discute no es el crecimiento económico -aceptado por todos- sino si llegará al 6% en este año. Pero ese desarrollo palpable ocurre en una región azotada por una plaga que se extiende por toda ella: la violencia. En su variada gama de homicidios, asaltos rurales a poblaciones, secuestros y proliferación de bandas armadas. Un continente que por muchos años vivió en paz termina -según la OEA- como un lugar “donde se cometen más de dos tercios de todos los secuestros del mundo”. Como si fuera poco, en un dramático documento, esa organización afirma que “cada tres minutos ocurre un homicidio en América Latina”. Dos situaciones que señalan el siniestro avance de las actividades criminales.El informe de la OEA es digno del mayor crédito y fue elaborado después de más de dos años de estudio de la Secretaría de Seguridad Multidimensional. En él se revela un problema mayúsculo de un continente seriamente afectado por el funesto imperio de una violencia múltiple. Que se extiende de México hasta la Patagonia. En ese estudio, Colombia ocupa un señalado lugar como una nación afectada por el narcotráfico y la guerra con las Farc y otras organizaciones armadas. Nuestro país ocupa un triste sitio en materia de violencia en los países latinoamericanos.En la sesión que dio comienzo al VIII Foro Hemisférico, Adam Blackweel, secretario de Seguridad de la OEA, hizo una afirmación que crispa: “El crimen y la violencia matan en nuestra región a más gente que el Sida, o cualquier otra epidemia conocida. Y destrozan más hogares que cualquier crisis económica”. Para completar ese siniestro panorama, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que Latinoamérica y el Caribe son regiones con el más alto nivel de homicidios por cada 100.000 habitantes.¿Qué hacen los países afectados? Poco o nada. Es un tumor que, si se deja crecer, causara daño irreparable. La violencia es el peor clima para la inversión extranjera. Hace rato, en las frecuentes reuniones de los presidentes de esta parte del planeta, el tema de la violencia regional debió ser analizado para aplicar acciones concretas para erradicarla. Dejar que prolifere, cruzados de brazos, es colocar una lápida al futuro del Continente.Nuestro país padece una violencia específica y vinculada a organizaciones internacionales del narcotráfico. Y una confrontación armada que lleva décadas sin resolverse. Eso plantea un reto de enormes proporciones para el presidente Santos.

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