Único e inmenso

Agosto 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Resulta difícil escribir sobre un poeta único e inmenso: Pablo Neruda. Prefiero disfrutarlo, como lo hago por décadas, levantando sus libros al azar, de día o de noche, para gozar de sus poemas que cabalgan radiantes y magníficos. Me acerco a sus obras con un gozo contenido que no he perdido desde la alborada de su descubrimiento, en Santiago, de manos de Miguel Valesi. Un chileno amigo del buen vino, y habitual de las tascas de la época. Escritor de ocasión de una calidad excepcional que desperdició en sus días de bohemia; preñados de la luz de su conversación, cálida amistad, gozo supremo por la poesía. Y una melancolía que no lo abandonó nunca.¡Qué decir, que no esté dicho, sobre Pablo Primero! Se dio el lujo de no morir y aún se pasea en sus poemas por los más extraños rincones del mundo. En boca de encopetados y humildes. Si algo lo distingue es su universidad. Es el poeta de todos. Hasta sus más enconados adversarios políticos terminan recitando su poesía universal. Que reconocen como prodigiosa, al paso que lo injurian por pertenecer al comunismo.Neruda era comunista de carnet. Pero no se dejó devorar por el sectarismo ramplón de ese partido que –en Chile- lo criticó por no convertirse en otro propagandista de esa secta. Al contrario: su poesía es un canto al amor, a la libertad, al derecho del hombre a creer lo que le dicte la razón y sus sentimientos. Era ya tan grande que a los dirigentes marxistas les fue imposible censurarlo públicamente y –menos- expulsarlo. Que fue la espada inexorable para enviar a las tinieblas exteriores, y condenar al odio obligatorio de la militancia, a quien era separado de esa agrupación.Hay pocas cosas en su poesía inmensa que sean propaganda partidista. El poeta –que bien puede equipararse a los más grandes del planeta- tuvo el acierto de independizar su obra de su actividad política. A la inversa de otros escritores que fueron trompetas de fila del comunismo mundial. Cuando los soviéticos se defendieron con heroísmo en Stalingrado, encontró que eso era un motivo atractivo y escribió su “Canto a Stalingrado”. Que es uno de sus mejores versos.Despreció a quienes lo difamaron: “los vociferantes/llena la boca de jactancia/ y de proezas salivares”. Murió de cáncer de próstata. “Con humildad voy arreglando cuentas/hasta llegar a cero, y despedirme”, escribió poco antes de fallecer en su Chile amada y dejar un vacío en la poesía moderna que no se llenará nunca.

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