Un título infame

Agosto 17, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Según el más reciente estudio del ‘Índice Global de Paz’ (L.G.P.) sobre América Latina, “Colombia es el país más violento de la región”. Un título infame que debe provocar vergüenza nacional y pone sobre la mesa una pregunta clave que se evade por nuestra dirigencia: ¿En el mandato del presidente Juan Manuel Santos será derrotada la violencia en todas sus nefastas manifestaciones y la Nación alcanzará la paz que no se ha logrado en 50 años? El país se acostumbró a esta especie de guerra civil no declarada, con su avalancha de crímenes, enfrentamientos de un salvajismo que provoca el repudio de la comunidad mundial -y en particular de Latinoamérica- y donde las partes no proponen acuerdos viables para el fin del sangriento conflicto.A pocos parece importarles la mala fama que hemos ganado. No hay delito que no se cometa. Ni agresión que no lesione al campesino, azotado por batallas entre unos y otros. La intimidación convirtió al miedo en su permanente compañía y lo obligó a refugiarse en las ciudades para incrementar el ejército de desplazados. Las fincas fueron abandonadas por presión de grupos armados que les hacen el trabajo sucio a oscuros personajes que terminan por apoderarse de ellas. El país vive en opresiva atmósfera de miedo que se inició en el campo y llegó a ciudades que se creían inmunes al flagelo. No se sabe que Dios, ignorado y magnánimo, se compadece de Colombia y evita que nuestra atribulada nación se desplome en ruinas. Arrasadas sus instituciones democráticas, fragmentada en pequeños reinos de caciques, paraíso del narcotráfico y refugio de delincuentes internacionales. No hemos llegado a esa instancia. Pero allá llegaremos si la paz no se logra en esta etapa del gobierno de Santos. “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, reza el refrán. Ojalá esté equivocado en este sombrío pronóstico.¿Hay solución al conflicto? Claro que sí. A Juan Manuel Santos le tocará responder al clamor de millones de compatriotas que votaron por él, en la seguridad que es un líder capaz de acabar con una violencia que se volvió crónica y devolver a nuestros compatriotas el derecho a vivir sin el imperio del terror y la barbarie. Santos tiene autoridad, carácter, experiencia, decisión, y poder político para lograrlo. “Ya es hora”. Cruzarnos de brazos frente a un conflicto que hace tan inmenso daño, es una trágica equivocación que pagaríamos con el entierro de nuestra democracia. Los colombianos estamos en el deber de apoyar con toda decisión lo que el presidente Santos decida sobre este problema vital para el futuro de la nación.

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