Un incierto futuro

Agosto 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En los tormentosos tiempos que vivimos, el mundo ha perdido lo que tuvo en otras épocas: una dirección clara para su desarrollo. Padece la ausencia de una política colectiva eficaz para mantener la paz y acabar con la proliferación de guerras menores. Y con la disputa entre Estados Unidos y Rusia que crece con alarmante velocidad. Sin que nadie -organismo o nación-tenga autoridad y respeto de las partes, para acabar con algo que es un peligro para la paz del planeta. Obama y Putin se gruñen pero no se muerden, por lo menos hasta el momento. EE.UU. quiere mantener la hegemonía mundial. Y Rusia quiere derrocarlos. Una lucha que podría terminar en una guerra nuclear. Obama envió sus aviones a atacar a los islamitas en Irak. En Gaza, los muertos de la lucha de Israel y Palestina pasan de mil, hasta el momento. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU, emitió un documento que condena con firmeza a Israel y exige cese sus ataques. No sirvió para nada. La ONU ha perdido autoridad y eficacia.Estados Unidos, el gran ‘padrino’ de Europa, vive un enfrentamiento peligroso con Rusia. Por los sucesos de Ucrania. Moscú apoya a los separatistas Prorrusos del Este, y Europa -con Estados Unidos- rechaza esa política con energía y moviliza fuerzas especiales para un supuesto enfrentamiento con Moscú. Que mantiene sus tropas en la frontera. La población civil padece bombardeos salvajes.El conflicto sigue en Gaza. Son más de mil los muertos por la ofensiva de Israel contra los palestinos, en esa zona. En Siria, grupos islámicos quieren derribar, armas en mano, al gobierno que se ha debilitado. China y Japón reviven viejas diferencias y eso tiene fatales consecuencias para Asia. Irak enfrenta enfrentamiento internos, que crecen sin control. Árabes e israelíes aumentan el tono de su anciana discordia. En fin: el mundo se debate en un espiral de violencia. Antesala de una escalada de peores consecuencias para la humanidad.Latinoamérica debe unirse y luchar por un acuerdo que ponga fin a esas amenazas nefastas para la paz. El camino a la guerra debe cerrarse para siempre. Nuestro continente debe ocupar un sitio respetable en la solución de los enfrentamientos que sacuden el mundo, son grave amenaza a su pacífica convivencia, y ocasionarían -de terminar en una guerra- un daño irreparable al mundo en que vivimos y su incierto futuro.

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