Un delito infame

Un delito infame

Abril 30, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

No hay delito excusable. Todos llevan un abominable manto de maldad y una violación flagrante de los derechos humanos. En particular el de la vida, que hay que respetar como la obligación mayor de los ciudadanos. En especial la de los niños que deben ser cuidados y protegidos por los mayores.La noticia publicada en este diario sobre los 50 menores de edad que han sido asesinados en esta ciudad en lo que va corrido de este año, es una mancha atroz para una urbe que se ha ido degradando en los valores esenciales sin una acción efectiva de autoridades y ciudadanía para contener el siniestro y continuo episodio del asesinato de los niños. En muchas ocasiones por sus muy cercanos familiares. Si a eso se agrega el enfrentamiento entre pandillas de niños, se tiene un cuadro macabro de descomposición social y la violación de un derecho y un deber supremo: el respeto por la vida de quienes serán, en el futuro, los dirigentes de la vida comunitaria.Eso de padres que les quitan la vida a sus hijos no tiene perdón. Debería modificarse la legislación sobre esta inexcusable conducta y condenar a sus autores a cadena perpetua. Pero lo que se observa es que las penas por el abominable delito son leves en exceso. Esa situación no disminuye: crece. En Cali 50 niños y niñas han sido asesinados y 155 maltratados por violencia intrafamiliar en este año. Eso indica un incremento de un 63% de ese delito. Según un informe de la Personería Municipal en este año “se han reportado 182 menores víctimas de delitos sexuales”. Que es otra infame modalidad de agresión a menores indefensos.Eso ha crecido con alarmante y dolorosa frecuencia. Frente a la pasividad de las autoridades que no practican una campaña de protección que sea eficaz. Con manifiesta crueldad, son los propios familiares de los niños quienes se encargan de bárbaros castigos por faltas menores como una mala nota en alguna materia escolar. A todo el mundo debería interesarle acabar con esa práctica funesta y denunciar ante el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar todo episodio de esta naturaleza. Eso es una forma práctica de contribuir a que se acabe con esa plaga maligna. Para el caso particular de Cali, donde esa conducta infame se ha incrementado. Quienes aquí vivimos estamos en el deber de denunciar todo abuso. ¡No más violencia contra los niños!

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