Ultraje inadmisible

Enero 12, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

¿Ya despidieron de su cargo al errático presentador de Miss Universo, Steve Harvey, autor de un funesto error en la gala que veían millones de personas por televisión? O lo dejarán allí -orondo y satisfecho- después del escándalo que armó, su petulancia insufrible, y su conducta estúpida para anunciar su error mayúsculo y la imperdonable ofensa a la bella colombiana. Ariadna Gutiérrez. Abrumada, bañada en lágrimas, y a un país que alimentó esperanza por unos minutos, para recibir luego – por cuenta del payaso Harvey – una bofetada frente a televidentes de todo el planeta.El presentador, con experiencia de décadas en la T.V., corrió a presentar disculpas en vivo y sumir a nuestra Ariadna en un penoso episodio ¿Le dieron orden de hacerlo? ¿O fue de su cosecha? Lo obvio debió ser, esperar un tiempo y hacer el insólito anuncio sin la presencia de la Tv. y la multitud reunida. Si los organizadores ordenaron al anunciador hacer lo que hizo, deberían ser sancionados con mayor rigor. Se supone que tienen suficiente talento para no caer en semejante ultraje inadmisible a nuestra querida Ariadna; y a toda una nación a la que se puso en ridículo. Harvey sigue tan campante después del bochornoso ‘affaire’. Es posible que piense sacarle partido a la escabrosa escena. Personas vinculadas a la Tv. norteamericana señalan que el manipulador tiene un ego tan grande como una catedral; se siente el número uno –perfecto- en su trabajo; y es de reconocida pedantería. Por esas cosas extrañas que pasan en Norteamérica, un personaje así se mantiene en altos niveles de la Tv. con ‘padrinos’ encumbrados. A la bella entre las bellas, Ariadna Gutiérrez, le causaron trauma del cual -informan sus amigos- aún no se repone. Como sería de insólita y cruel la escena, que la señorita Filipinas no escondió su desconcierto y lucia abrumada por el episodio. No pudo ser más grotesco lo ocurrido con la señorita Colombia, obligada a devolver la corona frente a millones como si la hubiese robado. Ignoro si alguna autoridad colombiana elevó una protesta contundente, sobria pero enérgica. Eso fue burla imperdonable e inexcusable. Sería lógico, deseable, necesario, que la talentosa Ariadna fuese objeto de homenaje en el palacio presidencial. Ella se portó como reina de verdad y aguantó el agravio con serena conducta.

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