Tarea para el nuevo Presidente

Febrero 10, 2017 - 02:43 p.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El presidente Uribe -en una declaración en páginas interiores de los periódicos- admitió que las relaciones de Colombia con algunos “gobiernos extranjeros” no es buena. Usó esa frase diplomática para referirse a Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua -el bloque chavista- y otros países del Continente. Que miran con hostilidad a Colombia. Y a su presidente, Uribe. La consideran como futura estación de tránsito para la Fuerza Aérea norteamericana. Agregó el Presidente colombiano que “ojalá se produzca un nuevo aire con esos gobiernos”, en mandato del nuevo Jefe de Estado.Afirmación clara e importante que confirma lo que sabemos: Colombia tiene una mala posición en el conjunto de los países de la región, con escasas excepciones. Un bloque de naciones -liderado por el colérico Chávez- estima que mantenemos una actitud de subordinación frente a Norteamérica y le ha concedido el uso de bases aérea para sus aviones: ese es un factor que afecta el proceso de desarrollo entre países que deberían tener muy buenas relaciones en razón de circunstancias históricas conocidas. Los enemigos de Colombia se han encargado de fomentar la especie y han buscado -y lo harán en el futuro- que Colombia se convierta en el ave negra continental. Ese sector no esconde su política agresiva y tiene en el vecino Chávez su inspirador y conductor más beligerante.Mientras Uribe esté en el gobierno, no habrá diálogo para eliminar la profunda desconfianza entre países que un día fueron liberados por el genio de Bolívar. En plena era de globalización, de acuerdos regionales y política común frente al mundo desarrollado, Colombia y la mayoría de sus vecinos se miran con recelo; actúan por su cuenta en los organismos internacionales; no esconden sus diferencias en sus relaciones con Estados Unidos; y ven con indiferencia cómo se deterioran sus relaciones comerciales.Eso debe acabarse, si no queremos que la situación termine en enfrentamientos más graves de naciones que, históricamente, parecían no tener camino distinto a la unidad y la política conjunta en materia internacional; o la integración en un bloque que les diera peso político y comercial en la escena del Siglo XXI. Al nuevo Presidente le corresponde trabajar por recuperar la unidad continental. Es una tarea ineludible que la Nación necesita para su supervivencia. La integración no es una política de ocasión en las cumbres de los presidentes: es la necesidad más urgente en el Siglo XXI.

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