¿Se acaba la cultura?

Mayo 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

“Los intelectuales, como los dinosaurios, nos estamos extinguiendo”. Mario Vargas Llosa.¿La cultura está muriendo? Es un debate que agita círculos intelectuales de Europa y toca las puertas de América Latina. Mario Vargas Llosa es uno de los pontífices de esa tendencia desoladora y sombría: “La cultura tiene sus horas contadas”, afirmó, en su casa de Londres, el formidable escritor peruano. Uno de los tres grandes escritores en lengua española -García Márquez a la cabeza- con una visión crítica y pesimista de la cultura actual y -en particular- de la literatura. La actividad cultural se ha devaluado y comercializado. Es otro producto de la sociedad mercantil de la época y -en ocasiones- se convierte en una magna estafa. Así ocurre con ciertas ‘obras’ de la pintura: verdaderos mamarrachos con firmas de autores famosos, a quienes importa más el dinero que el mensaje y la calidad de la producción.La degradación de la cultura es progresiva: se convirtió en artículo que da prestigio y se compra como adorno para la casa. Así ocurre con los libros: que no se leen y quedan en una pared, sin que nadie los toque. Se compra ‘arte’ como comprar carne para la cocina. El valor de un cuadro se mide por el grado de publicidad que recibe su autor. A mayor prensa, radio o televisión, mayor aceptación. Escritores y artistas quedaron prisioneros en esa cárcel prosaica del mal gusto y dejaron que la cultura del pasado -rica, trascendente, vital- se fuera esfumando. La gigantesca máquina mercantil se tragó la inteligencia e impuso la moda de un mercado rastrero y pedestre.Coincido con Vargas Llosa: “La cultura tiene las horas contadas”. No se acabarán los escritores y los artistas. Pero muchos -para subsistir- tendrán que plegarse a esa moda estrafalaria. Pero siempre el hombre tendrá que contar su íntima concepción del mundo, sus sueños, sus amores y desgracias. Sus anhelos logrados o frustrados. Los negociantes de la cultura seguirán ganando dinero, pero no tendrán la gloria impagable de llegar al cerebro, el corazón, el sentimiento de millones de personas. Algo que no pasa con el exótico mensaje que se trata de imponer. ¿La nueva generación intelectual adoptará esta cultura devaluada? ¿O seguirá la que respete los valores esenciales de la creación intelectual? Ese es uno de los grandes dilemas que tendrán que resolverse en el resto del siglo que vivimos.

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