Santos y la paz

Santos y la paz

Julio 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Pocos presidentes llegan al poder con tantos factores a su favor como Santos. Con más de seis millones de votos, recibió un histórico espaldarazo de ciudadanos de su partido de La U; conservadores, independientes, abstencionistas, algo de liberales que se rebelaron contra la dirección de ese menguado partido y una derecha que se inclinó por su nombre frente a la confusa propuesta ideológica de Mockus.El Congreso ha sido siempre un organismo desprestigiado y difícil de lidiar por el Ejecutivo. No es el caso de Santos, que tiene confortables mayorías en el actual y no necesita dedicarse a cambiar la aprobación de sus futuros proyectos de ley por ministerios. Tampoco le será difícil que el Senado y la Cámara otorguen apoyo a la tarea del nuevo Jefe de Estado, que llega sin compromisos oscuros a ejercer el Gobierno y con un margen de confianza pública que no es frecuente.La dirigencia de América Latina recibió con satisfacción su contundente triunfo democrático, su actitud frente a la subversión, su apoyo a la integración de América del Sur y su intención –anunciada en ocasiones recientes- de solucionar por la vía del diálogo las preocupantes diferencias con Chávez (Venezuela), Correa (Ecuador) y Ortega (Nicaragua).Santos tiene ya un poder inmenso, a pocos días de inaugurar lo que será una nueva etapa en la vida política y social de una nación como la nuestra, signada por la plaga del narcotráfico y enfrentada a una lucha violenta que lleva décadas sin resolverse. Le tocará a Juan Manuel enfrentar esa situación que tanto daño hace al país y encontrar una salida eficaz. A eso aspira la inmensa mayoría de los colombianos, que encontró en el nuevo Mandatario a la persona con la decisión y el carácter para asumir esa tarea de cuyo resultado depende no sólo la estabilidad democrática sino el futuro del desarrollo económico y social.La guerra permanente que perturba la vida y el porvenir de los colombianos, debe llegar a su fin. Cuatro años de mandato de Santos es tiempo razonable para el silencio de los fusiles y el imperio de la reconciliación y la paz. Esa especie de pasiva resignación de los compatriotas con la sangrienta perturbación que nos afecta y nos ha colocado en la peor imagen de los países latinoamericanos debe terminar.

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