Ricos y tacaños

Octubre 19, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Los apologistas del mercado global le atribuyen ser el mejor remedio para los problemas económicos del Tercer Mundo. La desalmada cultura mercantilista se ha impuesto como dogma inviolable. Pero no ha dado los resultados que sus apologistas de la derecha predicaban. El mundo subdesarrollado sigue como una quinta parte de la humanidad que vive debajo del límite de la pobreza absoluta. Explotado al máximo. Marginado de las grandes decisiones internacionales y con mínima autonomía para resolver, por su cuenta, los problemas de una sociedad dependiente y atrasada.La ayuda de los países ricos a ese mundo lleno de necesidades es insuficiente, escasa, dependiente de la actitud política de las naciones pobres y, en su mayoría, un verdadero insulto a su dignidad nacional. La indiferencia por el drama social del Tercer Mundo, el egoísmo de la clase dirigente de los países de primer nivel, la tacañería clásica de sus gobiernos y su miope visión de los problemas entre el Norte opulento y el Sur raquítico, hacen que se mantenga el subdesarrollo y el conflicto social que ocasiona la miseria.Las naciones ricas fueron imperios como Inglaterra, España, o Francia, que se chuparon porciones enteras del mundo de la época. Como pasó con América Latina, India, Asia y África. Luego de explotarlas, las abandonaron a su suerte; o establecieron formas más sutiles de coloniaje. Es una deuda histórica que aún no se ha saldado.Así surgió la confrontación Norte – Sur: naciones ricas expertas en la dominación Colonial y países pobres dominados, por lo general, por políticos corruptos manejados desde el exterior. El Sur es un mercado enorme para los productos de sus antiguos opresores. El Norte tiene la bolsa llena para comprar en condiciones ventajosas. Unos y otros se necesitan y complementan. Poco o nada interesa al Primer Mundo el desarrollo de los débiles: mientras los surtan de materias primas, no hay problema. Como siempre ocurre, el pez grande se come al chico. Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia –para citar los más importantes- se encargaron después de la Segunda Guerra Mundial de establecer las reglas del juego en el nuevo ‘equilibrio’ universal.El mundo opulento responde a la protesta de los débiles con lo que Francois Mitterrand calificó como “la indiferencia complacida hacia los marginados”. Un juego muy peligroso para sus inventores. Si no se favorece a los países del Tercer Mundo con ayuda financiera amplia y tecnológica de punta, terminarán en una protesta violenta que se regará por el mundo y la paz volará en pedazos.

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