Renovarse o morir

Renovarse o morir

Febrero 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El último pontífice en renunciar a su altísimo cargo fue Gregorio XII, en 1415. Luego le siguió Joseph Ratzinger, Benedicto XVI. La razón que dio para explicar su retiro de tan alta dignidad fue “falta de fuerza física” para cumplir con sus pesadas obligaciones. Esa explicación provocó serias dudas a nivel mundial y puso en evidencia la crisis que afecta a la Iglesia y que le da a la renuncia de Benedicto XVI una significación mucho mayor a la que adujo. No hay duda: La Iglesia vive problemas capitales, ha perdido adeptos que se han fugado a otras religiones. O ha entrado en un proceso de decadencia y afectación de dos estigmas capitales: la corrupción en el manejo de sus fondos por sus autoridades encargadas de esa tarea; y la pedofilia que la invadió sin sanciones eficaces para erradicarla. El daño fue inmenso.¿La salida de Benedicto XVI tiene que ver con esta situación? Hay quienes afirman que sí. Según esas fuentes e informaciones que se han publicado sobre el tema, esa situación provocó la división de la Iglesia en dos vertientes. Los cardenales y obispos que combaten la corrupción interna y otro círculo poderoso que la tolera y se beneficia de ella. En Roma se habla de este penoso asunto con cierta familiaridad. Según jerarcas, que se dicen enterados, el enfrentamiento en el Vaticano es grande. Al pontífice Benedicto XVI le tocó -así lo afirman- luchar sin éxito contra la camarilla que se apartó de las enseñanzas de Cristo terminó por fatigarse de una batalla perdida y optó por el retiro. En la seguridad que su actitud terminaría por revelar la verdadera situación que la motivó.Por supuesto, en esto cabe mucho de especulación, mala fe contra la Iglesia de sus numerosos enemigos y la disminución de la fe de quienes la profesan. Un problema capital que hace necesaria una terapia eficaz, que corresponde encabezar al Sumo Pontífice y sus cardenales y obispos. Y apoyar a los millones de católicos comunes y corrientes que deben contribuir a la cruzada por la recuperación del organismo máximo de su fe.La vinculación del Banco Ambrosiano en Roma -propiedad de la iglesia- con capitales de la mafia italiana, fue un rudo golpe a una institución que debe estar ajena a intereses económicos y -menos- a negocios turbios. Esa situación, que acabó de lesionar aún más la imagen de la Iglesia, fue afrontada con rigor por el Vaticano y separados de sus cargos sus directivos.Es la hora de una gran renovación de la Iglesia. Por el único camino que Cristo enseñó. Hay que “renovarse o morir”, decía Papini.

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