Recuperar a Cali

Recuperar a Cali

Febrero 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Según informes especializados, Cali es una de las tres ciudades más afectadas por la inseguridad. La muerte ronda en una ciudad hecha para el júbilo, con una tradición hospitalaria y grata. Y un desarrollo económico que -en su momento- fue muy significativo. Algo que se esfumó. Se lo llevó el viento de la violencia y el narcotráfico. Y las pandillas que se formaron en barrios donde el Estado perdió acceso y capacidad para desaparecerlas. Las mayorías ciudadanas fueron conformistas con estas nuevas manifestaciones del delito. Que se expandió con facilidad, compró protección de algunas autoridades, y puso dinero fácil al alcance de muchos. A eso se sumó un desarrollo industrial que generó empleo y atrajo un torrente de personas que invadió la urbe de empleo: o seducidos por su encanto. De todo el Occidente llegaron gentes al nuevo El Dorado. En especial de las zonas marginadas del Pacífico, en su mayoría de raza negra. Pronto, el desempleo aumentó y los conflictos sociales no tardaron en aparecer. El crecimiento de la ciudad perdió su ritmo y Cali afrontó problemas inéditos.Es injusto adjudicar a la dirigencia de la época toda la responsabilidad del fenómeno. Fue tal la avalancha que las autoridades se vieron impotentes en remediar la situación. Muy pronto la capital vallecaucana exhibió las primeras dificultades, fruto de esa migración masiva e incontenible. Surgieron los primeros barrios de invasión, que hoy tienen en ‘Aguablanca’ una especie de Rey en la materia. Que se convirtió en una especie de díscola ciudad dentro de la capital.Cali tuvo cambios apreciables en su vertiginoso desarrollo. En algunos espacios su progreso fue mediocre. La merecida fama de ciudad ajena al crimen y el delito se perdió y a Cali le llegó otra: la de ciudad vinculada con el narcotráfico, con todas sus secuelas, que traspasó sus fronteras. ¡Lástima grande! Cali, pacífica amorosa, llena de gracia y belleza, perdió buena parte de su atractivo y entró a la lista de ciudades inseguras.Todavía hay tiempo para luchar por la recuperación de la ciudad. Como pasó en época no lejana. Podría escogerse -con máximo cuidado- un ‘comité por Cali’, de tres eminentes personas -sí: tres. Que si son más no resulta, que se encarguen de esa noble, histórica, tarea de impulsar su tranquilidad y devolverle el rango de región pacífica que tuvo en el pasado. Esa es una tarea que obliga y ennoblece a todos. Dejar que el magno problema crezca, frente a la indiferencia colectiva, es pecado del cual no podremos arrepentirnos jamás.

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