Que el infierno se congele

Agosto 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

¿Hasta cuándo durará nuestro conflicto armado? Llevamos en él casi cincuenta años y el asunto –trágico y sangriento- sigue perturbando la nación, afecta su desarrollo, que podría ser mejor de lo que es, y lo sitúa como un país violento por los siglos de los siglos. Hasta que el infierno se congele. Esa, por desgracia, es la imagen que tenemos. A pesar de semejante desgracia colectiva Colombia ha crecido y su desarrollo económico –en términos comparativos en Latinoamérica– es muy positivo. La inversión de capital extranjero se ha multiplicado y las compañías foráneas miran al país como un buen lugar para establecerse, pero en la seguridad está una falla de primer nivel que afecta las ciudades donde se enfrentan pandillas de narcotráfico y el crimen organizado.¿Qué razón hay para que el conflicto se mantenga? Ninguna válida. Ni el Estado ha logrado acabar con la guerrilla. Ni la organización armada instalarse en el Palacio Presidencial. Se ha demostrado que el camino de las armas para llegar al poder, no es válido. En el caso colombiano solo trae desgracias, desgaste interno, violencia letal, y un conformismo colectivo con una situación que afecta de manera tan seria a toda la sociedad. No hay duda: sin el sambenito de esa lucha absurda, Colombia sería el país líder en el desarrollo de esta parte del planeta. ¿Hasta cuándo durará la guerra interna? Nadie tiene una respuesta concreta. Ni se conoce gestión alguna de las partes –pública o privada– para conversaciones serias de paz. Es evidente que el principal organismo en armas, las Farc, cuentan con un número apreciable de combatientes.El presidente afirmó que tiene la llave de la pacificación en el bolsillo. Y los grupos alzados en armas hacen, periódicamente, invocaciones a la paz. Pero nada más. Las partes no han hecho una propuesta que desate el ovillo de una hipotética conversación. El pueblo colombiano perdió la esperanza en una negociación política seria. No hay esfuerzos colectivos para que las partes combatientes entiendan que es ineludible un acuerdo final.¿Tiene el Estado una propuesta para la pacificación? ¿La guerrilla, por su parte, tiene posiciones sobre el tema? Si, las hay, pero unas y otras parecen concebidas con la idea que el adversario diga no, de entrada. Lo que se dijo fue flor de un día. Se lo llevó el viento. Hay que pensar en un intento serio, ajeno a la retórica, que reúna a las partes en conflicto en conversaciones que pongan fin a la lucha estéril y sangrienta que tanto daño hace al país.

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