Presidente en la sombra

Noviembre 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La inesperada muerte de Néstor Kirchner agregó un nuevo ingrediente a la crisis política y social que azota Argentina y es un catastrófico golpe a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. No se trata sólo de la muerte de su esposo por treinta y cinco años, sino de la perfecta unidad política que los unió frente a los feroces ataques de sus enemigos. Murió su mayor consejero.Al punto que era corriente en todos los círculos de Buenos Aires escuchar la afirmación: “Cristina manda, pero no gobierna”. Una frase despectiva que afectó el papel de una mujer inteligente que nunca logró actuar sin la sombra de un líder con enorme voluntad de poder, energía y notable capacidad administrativa.A la presidenta de Argentina la combaten diversos sectores políticos. El más duro de todos es la fracción peronista que se apartó de la dirección de ese partido. Como reza la sentencia: “No hay cuña que apriete más que la del mismo palo”.En frecuentes episodios para sacarla del poder, siempre tuvo un eficaz defensor: su esposo Néstor. Un político duro, hábil, con un valor personal excepcional que sus adversarios terminaron por reconocerle. En la Presidencia de Argentina, resolvió graves problemas de una nación que vivió en los últimos cincuenta años un periodo de enfrentamientos, golpes militares, severas crisis económicas, división del peronismo y el declive de los radicales de Alfonsín. La señora Fernández no gobernó con mucha autonomía: su esposo era una especie de presidente en la sombra. Fue inigualable consejero y compartió el poder con su esposa. Que siempre se atuvo a sus opiniones con gratitud y confianza. Ahora enfrenta una dura etapa en el gobierno de una nación que todavía soporta los efectos de una crisis que la dejó al borde del desastre. Debe, además, defenderse de una oposición de extrema beligerancia.Pasará a la historia el multitudinario homenaje póstumo que los argentinos rindieron al líder desaparecido. Desde los tiempos de Perón y Evita no se veía una demostración de apoyo a una causa política y a la persona que logró dirigirla con acierto. Será muy difícil para Cristina mantener la estabilidad de una nación maestra en golpes militares y que no se ha restablecido del todo de su inestabilidad económica. La presidenta de Argentina necesita más que nunca del férreo apoyo de los presidentes de América Latina en el difícil camino que la espera. Ya sin su guía e insuperable maestro.

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