Por vía pacífica

Junio 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Nunca creí que viviría para verlo: las Farc vestidas de civil, sin armas en mano y en plan democrático de votar, son un reconfortante espectáculo. Fue muy sabia la decisión que tomaron sus jerarcas de abandonar la lucha armada para la toma del poder, y participar en la pacífica contienda de conquistar votos para lograr objetivos políticos. Eso se impuso en la arena partidista. La ‘lucha armada para la toma del poder’, fracasó, e importantes organizaciones revolucionarias decidieron cambiar su estrategia y utilizar el diálogo para lograr sus objetivos. Ahora participaran en lo que tanto censuraron: el sistema democrático. Demostraron tener un alto grado de madurez política, realismo -por las armas jamás hubiesen logrado sus objetivos- y convencimiento de la eficacia del voto para lograr resultados.Estimula la decisión de una guerrilla, con décadas de intentar llegar al poder por el camino de las armas, que tuvo el acierto de reconocer que eso no era posible. No participo de la idea de negar a los futuros desmovilizados la posibilidad de participar en política. Por el contrario, si eso se hace con estricto respeto por el acuerdo que deberá firmarse en pocos días y deja las armas en poder de un organismo internacional, asociación de naciones, etc., no veo razón para impedir a quienes abandonan la absurda guerra que vivimos, el libre ejercicio democrático. Por supuesto, así se establece que se trata de responsables de crímenes colectivos, de singular crueldad, contra pacíficos ciudadanos, es necesario el castigo de la sociedad a la que ofendieron de tan terrible manera. A la nueva estación política que vive Colombia -que sale de la maldición permanente de una guerra atroz y sin sentido- hay que ponerle ruedas. Facilitar su desarrollo, castigar masacres y delitos espantables, pero recibir con amistosa expectativa a quienes se desmovilicen, como milicianos de la insurgencia. La paz tiene su costo y al país no le conviene una actitud intolerante de sus jerarquías, que haría imposible llegar al acuerdo. A los grupos en armas, que han hecho el prólogo para pasar a las conversaciones de más alto nivel, tampoco les favorece incrementar sangrientas operaciones. Con el supuesto interés de ganar mayor crédito, o tratamiento más favorable.Violencia no obtiene paz. Eso debe tenerse muy en cuenta. Al contrario, incrementar la acción armada puede conducir a un final que sería negativo: el rompimiento de las conversaciones.

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