Plegarias no atendidas

Abril 05, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El tema de las relaciones de América Latina y Estados Unidos ha motivado millones de discursos, conferencias, congresos, libros, ensayos y columnas periodísticas. La mayoría con una petición que terminó por convertirse en plegaria: ayuda para salir del hambre y la pobreza; la ignorancia y la marginalidad. En vano. Esas plagas se mantienen a lo largo y ancho del Continente.Con ocasión del viaje del presidente Obama, volvió a relucir la tendencia de algunos líderes a considerar las visitas fugaces de los presidentes norteamericanos como envío de Dios: con todo el poder en la mano, para que llueva maná del cielo y -en instantes- se acabe el subdesarrollo. Vana ilusión. El Tío Sam ya no tiene la bolsa tan llena como en el pasado.La presencia de Obama en Brasil fue un espaldarazo a su condición de líder de América Latina. Algo que interesa a millones, esperanzados que el vecino país sea voz conjunta en el panorama regional. Se espera que el viaje sirva para entender la nueva realidad de un Continente que va en camino a la unión real. Con su enorme potencial económico que no ha sido explotado racionalmente; la fuerza política de sus millones de habitantes, y la tendencia de los presidentes del momento a abrirle puertas a Europa, con Alemania como locomotora de su desarrollo; y al nuevo polo de poder: Asia, con China a la cabeza.Los embajadores dependen de sus gobiernos hasta para escoger el color de sus corbatas. No pueden cambiar la mentalidad colonial que aún mantienen altos cargos en la Cancillería de Estados Unidos, convencidos que estamos en los tiempos del robo de Panamá. No son todos. Allí hay funcionarios de elevada categoría que conocen bien a nuestros países, apoyan su desarrollo democrático y conciben de manera correcta la relación EE.UU. –Latinoamérica.Para otros, América Latina no existe; con excepción de México, que mantiene un comercio muy activo con su vecino del norte. Y de Brasil, como lo reafirma la visita de Obama. El vecino país es líder de América del Sur. No llegó a esa posición dando codazos. Manejó bien el desarrollo de su gigantesca nación. Mantuvo una actitud de puertas abiertas con todas las naciones del área y allí está: en el primer puesto. Ahora tendrá que luchar no sólo por sus intereses, sino por un Continente que tiene que salir de la pobreza que lo agobia; el atraso; y su lento paso en el duro camino que hay que transitar para acabar con el subdesarrollo.

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