Pilar de la democracia

Pilar de la democracia

Septiembre 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Si el sistema electoral de un país no es transparente, diáfano, a prueba de las habituales maturrangas para desvirtuar la votación, y no goza de la confianza de los electores, la vida democrática de cualquier nación está en grave riesgo.Las elecciones limpias son el pilar de un país libre. Si fallan, todo el sistema comienza a derrumbarse. El voto limpio da carta de naturaleza a la voluntad popular. Como lo advierte Tanzer -uno de los politólogos franceses más brillantes-: “El día de las elecciones, si el ciudadano vota sin presión alguna, es realmente libre”.Algo grave está pasando en el complejo mundo electoral. Fue el propio presidente Santos quien, en una intervención contundente, pidió rechazar las amenazas contra la libertad de escoger con absoluta independencia a los candidatos y mantener ese proceso libre de la influencia nociva de las mafias. El asunto tiene antecedentes y ha tomado fuerza por la negligencia del Estado para corregirlo a fondo. La compra de votos se convirtió en un delito que se practica a ciencia y paciencia de las autoridades y la opinión.En pocos días, el país tendrá elecciones para gobernadores, alcaldes y otros funcionarios. Como siempre pasa, encumbrados funcionarios del poder electoral se apresuraban a declarar que vivimos en una democracia perfecta donde el voto es diáfano y el elector ejerce ese derecho, sin presiones de ninguna clase. Una afirmación inexacta. El poder del dinero determina, en muchos casos, quién será favorecido por los votos de crédulos ciudadanos que se manejan como ovejas que van al corral.Santos pidió una “acción implacable de las autoridades” contra la corrupción electoral que -afirmó- “debe ser castigada con todo rigor”. El Presidente -demócrata, respetuoso de la libertad de elegir sin ninguna presión indebida- debe tener mano dura para prevenir y castigar el fraude, la compra de votos y el resto de maniobras para falsificar la elección. Aquí se habla mucho de los delitos electorales y se obra poco para erradicarlos con rigor. La millonaria compra de votos resulta aberrante y escandalosa. Es urgente garantizar la transparencia del cercano debate. Con sanciones drásticas a quienes violen, y una acción decidida contra los turbios manejos de ciertos ‘mandarines electoreros’ que lo deforman y envilecen. Algo debe ser combatido a fondo por los partidos y sus dirigentes, antes que sea demasiado tarde.

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