Paz y verdad

Julio 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Sin la verdad no habrá paz. Urdir una montaña de mentiras para una posible negociación, es el camino más seguro del fracaso. Hay que obrar de buena fe con el análisis objetivo de los hechos y compromisos claros que van a cumplirse las obligaciones firmadas. Paz y verdad unidas: clave para que no se desplomen los acuerdos y la nación no afronte otra frustración más de esa necesidad básica para el porvenir de la República. Jamás se había presentado una ocasión tan favorable para acabar con una guerra larga, absurda, sangrienta e inútil. No va a repetirse. No aprovecharla es hacerle daño irremediable a un país que está agotado, hastiado, dolido, sin esperanza, por la vigencia de un enfrentamiento bélico que pasó de los cincuenta años. De allí la necesidad imperiosa de obrar con insospechable rectitud. Los acuerdos deben respetar las instituciones democráticas. Algo que – al parecer – comprenden quienes tienen la responsabilidad de negociar el cese al fuego y la siembra de la paz. Que es una segunda etapa más compleja que acabar con las armas. Todos los sectores tienen obligaciones con la pacificación. La actitud del presidente Santos de invitar a sus adversarios – izquierda incluida – a un Acuerdo Nacional de Paz, es un hecho de la mayor trascendencia que la nación no apreció en toda su magnitud.Santos, favorecido con una votación que le dio victoria y autoridad, tiene crédito amplio para finalizar con éxito ese propósito de recobrar la tranquilidad. Los alzados en armas han llegado a un acuerdo en varios puntos esenciales de la agenda. Y han sentido la presión popular a favor de ese propósito.La coyuntura internacional es favorable. Toda América Latina apoya la búsqueda de la tranquilidad perdida en una nación importante para el desarrollo regional. Todo eso unido al anhelo supremo de la sociedad, hace que esta etapa sea favorable, irreversible, definitiva.Quienes deseamos la paz y trabajamos por ella, pensamos que hay que hacer todos los sacrificios con ese propósito. La guerrilla – como fruto de un acuerdo razonable – deberá aprovechar la disposición del Presidente a favor del acuerdo. Los millones de colombianos le agradecerían con alborozo esa conducta que le daría puntos políticos a su regreso a la sociedad. A riesgo de ser tildado de idiota útil, estimo que al final del año, los fusiles estarán guardados y la sociedad entera comprometida en la etapa de consolidar ka pacificación en Colombia.

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