Paz para siempre

Septiembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Los más diversos sectores de la vida nacional se han pronunciado en favor de adelantar negociaciones de paz. Es un sentimiento unánime, un factor esencial que favorece un hipotético proceso de diálogo que conduzca al fin de un conflicto que llegó a los 50 años. Hasta allí, santo y bueno. Pero hay que tener en cuenta que hablar por hablar, por conveniencia política, sería un nuevo desastre nacional; un daño grave, una frustración que causaría un impacto tremendo en todo el tejido social. Al país no se le puede repetir la amarga dosis de otras experiencias negativas de diálogo que se los llevó el viento, y se efectuaron sin entendimientos mínimos previos a su realización oficial. Pocas veces en nuestra historia se registra un unánime respaldo a unas conversaciones de paz. Pero eso expresa otro sentimiento colectivo: esta etapa tendría que conducir al cese total del conflicto, a la desmovilización efectiva de los combatientes y –por supuesto- a su reincorporación a la vida social. Paz de verdad, para siempre.El fracaso de unas deseables negociaciones que terminen con esa larga etapa de sangriento enfrentamiento, sería un nuevo e irreparable daño a una nación que agotó su paciencia frente a una guerra interna que le hace un daño inmenso. Hay que suponer que el presidente Santos tiene absoluta conciencia de este sentimiento generalizado y –prudente como es y un buen negociador con apoyo mayoritario de los colombianos- no se meterá en las aguas tormentosas de la negociación sin mínimas garantías de evitar su fracaso.Ya hay un marco jurídico para aclimatar un proceso de tan vital naturaleza y el apoyo concreto de sectores sociales que van desde el pueblo común y corriente, la clase media que tiene mucha importancia, y la dirigencia nacional en todos los sectores, con una aspiración clara: paz que acabe para siempre con un conflicto absurdo y no deje puertas abiertas para que se repita. Paz que venga con un programa social de ineludible cumplimiento con los desmovilizados para reintegrarlos a la sociedad. Paz que modifique la injusta estructura social que alimenta el conflicto. Es decir, una renovación profunda del Estado que puede hacerse sin una confrontación que ha dejado tan elevado saldo de muertos.Dialogar para ganar aplausos efímeros, sin una mínima seguridad sobre resultados positivos, no tiene sentido. Eso es algo que el presidente Santos seguramente tiene muy en cuenta y la totalidad de los colombianos aspira que se logre.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad