Paz: lagartos en el proceso

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La legión de lagartos que aparece en televisión, las cadenas radiales, y...

Paz: lagartos en el proceso

Septiembre 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La legión de lagartos que aparece en televisión, las cadenas radiales, y otros medios informativos hablando a diestra y siniestra sobre el tema de la paz, debería irse a Noruega para continuar con la vitrina en un tema que exige máxima discreción, seriedad, responsabilidad, autoridad y conocimiento. El tema de las conversaciones sobre el final de la confrontación que llegó a los 50 años, despertó el interés de una fauna de opinadores sobre todos los temas con un objetivo real: aparecer en los medios publicitarios.Ellos introducen inexactitudes, confusión y demagogia en un tema que exige seriedad, discreción y el mayor respeto a la verdad. Es una forma de tirarle piedras al diálogo e introducir el desconcierto. Día y noche hay micrófonos y televisión para personas que, a duras penas, identifican los actores de nuestro viejo conflicto. No se trata de silenciar la opinión sobre un problema tan grande: se trata de lograr que un asunto sobre la pacificación de la Nación se trate con apego a la verdad, discreción, autoridad y pensando en una paz duradera y ojalá próxima.Los dueños y directores de espacios informativos deberían evitar los mensajes demagógicos de personajes en plan de publicidad. Que no tienen nada que ver con el gobierno y las Farc, pero opinan como si fueran responsables oficiales de una negociación tan compleja y ardua. A la que debe protegerse de lagartos y charlatanes indeseables. En particular cuando hay moderados avances que deben cuidarse.No sólo los fusiles hacen daño: también las versiones equivocadas, mentirosas o expresadas para satisfacer la vanidad personal. Esto no hace ni bien al Estado, ni a la guerrilla, que manejan un servicio informativo aceptable y oportuno. Lo demás es charlatanería que en nada contribuye a un proceso de pacificación tan delicado y complejo. Que debe protegerse de algo letal: las expresiones verbales de personajes de menor cuantía que se dedican a pontificar sobre el asunto y crear desconcierto sobre la marcha de la negociación.Las palabras -mal utilizadas-, matan el amor, la tolerancia, la verdad y el entendimiento. Hay que practicar la castidad verbal: en especial cuando se trata de la guerra que nos azota. El prudente silencio es una contribución a la pacificación, la tranquilidad de los espíritus, y crear buen ambiente para su positivo desarrollo.

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