Paz ineludible

Paz ineludible

Diciembre 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El litigio entre Colombia y Nicaragua por grandes extensiones de aguas en el Atlántico se viene incrementando peligrosamente. El presidente Ortega parece dispuesto a mantener sus infundadas pretensiones. No solo en la discusión jurídica que se tramitó en la Corte Internacional de Justicia de La Haya; en la segunda demanda que ese país elevó en contra de Colombia y que está a consideración de ese alto organismo; o en cualquier otra instancia que podría derivar en un enfrentamiento armado entre las dos naciones.Daniel Ortega -en plan de liderazgo continental- elevó la temperatura del asunto: pegó primero y ahora lo hace de nuevo al acusar a Colombia de “amenazar con el uso de la fuerza”; conminó a nuestro país a pagar “plena reparación por el daño causado”; y está en una actitud que no es precisamente la de un mandatario partidario del diálogo para dirimir incidentes tan delicados y explosivos como el que registramos, con justa preocupación, no solo de los colombianos. Es algo que los gobiernos de América del Sur y los centroamericanos estiman en su deplorable verdad: de ese pleito no saldrá nada bueno. No es imposible que Nicaragua mande su armada a lo que considera parte de su territorio. Y Colombia haga lo propio. Es decir, que de la disputa jurídica se pase a una situación de armas en mano. Que hay que evitar. Con el concurso de toda América Latina que tiene que darse cuenta del grado de peligrosidad al que ha llegado el diferendo y está en la obligación de intervenir para resolverlo por la vía de las conversaciones. Que son el lenguaje natural para que naciones como las nuestras diriman sus conflictos.Un enfrentamiento bélico es impensable. Debe ser rechazado por todos los países del Continente. Colombia ignoró peligrosamente el pleito con Nicaragua. Reaccionó tarde. Nuestro país está en la obligación de llevar el problema al único nivel aceptable: el diálogo entre dos naciones de una patria grande: Latinoamérica. Si se abre camino -y Dios no lo permita- a una escalada mayor del problema, se abrirá un hueco muy grande a la convivencia que ha sido -por fortuna- el pan nuestro de cada día en el Continente. El mal ejemplo cunde.¿Permanecerán en silencio, sordos y mudos, escritores, políticos, periodistas, iglesia, industriales, organizaciones obreras? ¿Se quedarán esperando a que tengamos una guerra que sea preludio de otras para solucionar conflictos como el que hoy nos enfrenta con Nicaragua?

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