Paz en el 2014

Enero 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Sin ánimo de polemizar -pecado imperdonable en estos días de comienzos del 2014- hay que preguntarse: ¿Están haciendo lo correcto el gobierno y la guerrilla en los diálogos de paz? ¿Tienen verdadera intención de acabar con una lucha armada que se ha mantenido sin vencedores ni vencidos? Me atrevo a pensar que la intención de unos y otros es medianamente positiva. Expertos en negociar conflictos como el actual, estiman que las Farc piden lo que el gobierno no está dispuesto a otorgarles bajo ningún concepto, le agregan propuestas razonables que facilitan ser estudiadas por los voceros gubernamentales y otras para la galería. Y hasta allí… Eso quizá explique el excesivo tiempo que se consume en el examen de los puntos del temario. Por su lado, el gobierno también hace su parte. Conoce de sobra a lo que aspiran las Farc y no creo que les sea ajeno el método de lograrlo. Es decir, las dos partes se conocen de memoria: saben dónde ponen las garzas y no tienen -al parecer- prisa manifiesta para silenciar los fusiles. ¿Sería mucho pedir a gobierno y Farc que les hicieran a los colombianos el regalo supremo de un acuerdo de cese al fuego? Que no es la paz total. Que incluye una segunda parte que es aún más compleja, costosa, con base social, que el largo proceso de matarnos los unos con los otros. ¡Regalo Mayor! Inspirado en la paz de los pasados días. Tengo muchas dudas que esto ocurra. La guerra colombiana es la más irracional del mundo: una contienda que se sabe inútil. Ni el Estado liquida a la guerrilla; ni ésta se toma el poder: su objetivo central. Tampoco hay beneficio material perdurable. A veces se gana territorio que hay que desalojar pronto las operaciones militares del contrario. Lo permanente es -obvio- el territorio controlado por el gobierno y las bases territoriales de la guerrilla, que están en su poder hace décadas. ¿Es posible que subsista una guerra que no tiene objetivos finales realizables? ¿Se entenderá que no tiene futuro, ni ganancia concreta? No parece. Llevamos años y años bajo el imperio de los fusiles y la cosa sigue igual de monstruosa y larga. Esto es algo que intriga y conmueve a la opinión latinoamericana, ignorante de la razón exacta de la confrontación armada entre un sector que quiere imponer el comunismo, que fracasó en la Unión Soviética, y un gobierno que quiere destruir a las organizaciones en armas. Ojalá en esta ocasión no se registre una frustración más, que con las ocurridas en el pasado, basta y sobra.

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