Paz: cartas sobre la mesa

Paz: cartas sobre la mesa

Octubre 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Se ha creado un clima favorable a la terminación de nuestro conflicto armado, que completó la bicoca de 50 años. La sociedad colombiana, en su conjunto, quiere la paz. Eso equivale a que el proceso de pacificación no termine en manos de una camarilla que pone y quita rey en algo que –literalmente- es de vida o muerte para el país. Que debe acabar sin vacilaciones con una confrontación armada que ha transitado los peores escenarios de barbarie, crueldad y destrucción. Es en extremo importante que los colombianos -sin distingos políticos o de cualquier especie- apoyen sin reservas mezquinas al presidente Santos en su propuesta de paz, contenida en su discurso en las Naciones Unidas (ONU).El clima de indiferencia y resignación frente a la guerra interna, debe ser superado por un movimiento nacional vigoroso para el final de una contienda que ha ocasionado daño gravísimo a la Nación. Desarrollo económico saludable y orden público alterado al extremo, son contraproducentes. Cualquier país necesita paz para acelerar su proceso de crecimiento. Contentarse con el innegable avance del desarrollo, al tiempo que se mantiene un enfrentamiento salvaje entre el Estado y las organizaciones armadas, es inadmisible. La paz es un instrumento indispensable, único, para que el desarrollo se mantenga. Colombia no puede darse el lujo de ostentar el título infamante de ser el país más violento de América Latina y uno de los cinco más perturbados entre los que mantienen guerras internas. En nuestro caso, batiendo en récord de tiempo. Son cinco décadas de una batalla feroz que ha hecho daño irremediable. No solo a la economía sino al clima de la convivencia pública. Indispensable en una democracia.Se habla de ‘la humanización de la guerra’. Una expresión equívoca. La guerra jamás podrá humanizarse. En esencia, es maldad que avanza y se vuelve cada día más monstruosa. Contentarse con uno que otro arreglo para el manejo de la contienda, es un desatino. El discurso de Santos en la ONU contiene clara propuesta de paz. Corresponde ahora a las organizaciones armadas dar su respuesta. Que ojalá sea clara, verídica, y abra camino positivo para el diálogo de Oslo. Ya es hora. Oportunidades como esta no se dan dos veces. El anhelo de los colombianos de terminar con una guerra eterna es grande, total, decidido. Y una buena herramienta para que todos trabajemos por el final de la contienda.

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