¿Para qué sirve la OEA?

Septiembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La OEA es organismo inoperante, paquidérmico, y sin autonomía suficiente. Valdría la pena que el gobierno estudiara a fondo, con cabeza fría, la utilidad de permanecer en ella. En un episodio de tan seria naturaleza como el ocurrido en el Táchira, frontera con Venezuela, la OEA le hizo el juego a los intereses del vecino y eludió conocer un episodio funesto: los atropellos de la Guardia venezolana que expulsó a hombres, mujeres y niños residentes en la vecina nación. Destruyó sus viviendas y los sometió a un trato cruel, humillante, para que –como perros– corrieran desesperados a buscar por atajos el regreso a nuestro país. Esa organización que –se supone– debe velar por la solución pacífica de dificultades regionales, hizo mutis por el foro, guardó silencio y desechó la justa petición colombiana de ocuparse de un diferendo que tiene alto grado de peligro para la paz del sector. Se satisfizo así el interés venezolano de impedir que el Continente y el mundo tuvieran información verídica del inicuo incidente contra familias de escasos recursos, calificadas por Caracas de paramilitares. Para impedir la reunión de la OEA, no hubo razones valederas. Pero contaron con el petróleo. Que proporciona a un grupo de países que lo requieren para sus necesidades básicas y que, en esta oportunidad, le dieron la mano y dejaron a Colombia con una derrota diplomática. El episodio –maligno, infame, provocador– fue recibido con indignación. El presidente Santos obró con cautela, pero con energía. Sin provocar que un conflicto que no deseamos, pero debemos estar –con el gobierno a la cabeza– en capacidad de resolver con dignidad. En el alma de cada colombiano hay un abogado dormido. Para el caso de nuestras diferencias con Venezuela –que vienen décadas atrás– se han conocido “soluciones” a montones. Pura palabrería, verborrea intrascendente. No había otra solución que la reunión de los presidentes Santos y Maduro. El palo no está para cucharas y no hay que darle más vueltas al delicado ‘affaire’. Los jefes de Estado deberán avanzar en la solución total y final del espinoso asunto: duradera, clara, sensata. “Obras son amores y no buenas razones”. Millones de colombianos y venezolanos quieren hechos de paz y que impere la razón y la inteligencia.

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