Obras para la paz

Obras para la paz

Noviembre 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Estamos muy cerca del acuerdo definitivo entre gobierno y Farc para terminar una guerra de más de 50 años e implementar una etapa inicial de pacificación. Que repare los estragos de una confrontación de tan sangrientas características. La opinión registra con moderado optimismo lo que parece ser el final de más de medio siglo de barbarie, secuestros, asaltos, masacres y toda suerte de acciones criminales que se convirtieron en pan de cada día en una confrontación donde solo hubo un gran perdedor: el pueblo colombiano; la patria herida en lo más hondo, retardada en su desarrollo, mirada con temor y pesar por Latinoamérica y el mundo. Y -por supuesto- el pueblo colombiano; los campesinos despojados de sus parcelas, obligados a refugiarse en los cinturones de miseria de las grandes ciudades; los dueños de fincas productivas que perdieron sus cosechas; en fin: la sociedad rural que ha sido la principal víctima de esa inicua situación.En muchas ocasiones se intentó acabar con el conflicto. Sin éxito. Eso sembró desconfianza en los colombianos y el escepticismo final. De allí que -en principio- fueron notables las predicciones de otro pésimo resultado.Por fortuna, no fue así. Hasta el momento esas conversaciones marchan. Han consumido un tiempo excesivo: un año para dos puntos de la agenda. Pero lo esencial se ha preservado y los negociadores -como lo prometieron- no se han levantado de la mesa. Eso es ya importante. Ha dado resultado después de dilatadas negociaciones. Al contrario de lo ocurrido en el pasado: un conjunto de fracasos que fueron heridas al sentimiento pacifista de nuestros compatriotas y el convencimiento que se apoderó de la mayoría que el conflicto no tenía remedio.Hay que comenzar por silenciar los fusiles para implementar la segunda fase: adelantar el plan de aclimatar la paz. Algo clave. No basta con enterrar las armas. Se debe construir lo necesario para que la paz perdure. El acuerdo serviría para ejecutar planes efectivos para los campesinos y obras sociales en las ciudades, que sirvan para ayudar a la enorme masa de desplazados que ha llenado las urbes. La paz no es un acto automático que se logra con la firma de documentos. Es una acción rápida, concreta, del Estado para eliminar el componente social que es la bomba de tiempo que provoca sangrientos estallidos. El gobierno y la sociedad entera, tendrá que hacer un gran esfuerzo para que esta etapa decisiva tenga éxito.

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