Objetivo económico y político

Diciembre 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Ecuador ha sido el gran beneficiado del creciente interés chino por Latinoamérica. Un informe del Banco Mundial destaca que el gigante asiático invirtió en el vecino país la enorme cantidad de 11.000 millones de dólares. Organismos encargados de la expansión económica y comercial de América Latina –región que está dentro del máximo interés de los asiáticos– han elaborado estudios, pormenorizados y concretos, sobre esa relación que, además de la parte comercial, tiene un discreto objetivo político del que no se habla en Beijing: penetrar por esa vía pacífica una zona del planeta que ha estado bajo el control de Estados Unidos y es básica como baluarte de su expansión comercial. China le pisa los talones a Norteamérica -con delicadeza y cortesía- pero mordiendo un mercado muy apetecible y una parte del mundo que, en el futuro, será polo autónomo de poder. Para Colombia es de importancia mayor esa política con China. Pero esa oportunidad histórica no se estimula lo suficiente. Con los asiáticos se mantiene relación económica y comercial escasa. Da impresión que las autoridades colombianas subestiman el poder del gigante asiático, su importancia mundial, su particular interés en América Latina. Un error que se pagará caro. El estudio somero sobre las inversiones de Beijing en nuestro continente, revela que en 10 a 20 años, podrían estar muy cerca de las norteamericanas.La miopía de nuestros dirigentes en el manejo de las relaciones internacionales es vicio inexcusable. Por años, la nación se ha mantenido por esta torpe política, como lejana isla en el mercado mundial. Con mediocre intercambio con algunos países de América, Europa y sin brindar atractivos suficientes para lo que en la actualidad está a la orden de día: asociarse, integrarse, compartir mercados y tecnología; unirse a otros en organizaciones fuertes y con capacidad decisoria. Algo de eso se ha intentado con resultados muy escasos. Colombia tendrá que hacer un esfuerzo decidido, resuelto, para salir de su discreta posición. Tenemos recursos suficientes, ubicación geográfica con costas en el Atlántico y Pacífico, pero ha faltado lo esencial: voluntad política. De esa perniciosa conducta, la nación tendrá que salir en menor tiempo posible. El cáncer del inmovilismo, la ausencia de legítima ambición para el progreso, son veneno para el crecimiento de cualquier país. Nuestra nación no crece lo suficiente. Perdió objetivos necesarios para afrontar el desarrollo. Ahora es la oportunidad de rescatar ese tiempo perdido y salir del encierro del Tercer Mundo.

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