Notario de paz

Abril 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Las buenas noticias a favor de la paz, nos llenan de alegría y esperanza. Fueron muchas las informaciones sobre el laberinto de ‘diálogos’ que terminaron en rotundo fracaso. Por el contrario, el acuerdo de La Habana ha sido positivo. Indica que estamos a las puertas del fin de un conflicto estúpido, sangriento, irracional, de 54 años. Que trajo muertos, asaltos, batallas, otra suerte de tragedias; y estuvo a punto de terminar con el Estado Social de Derecho, estabilidad de la República, vigencia de la democracia, y crédito internacional. Si los Estados Unidos decidieron enviar al súper poderoso Bernard Aronson, a Colombia, es por la certeza que nuestra confrontación está en su etapa final. Aronson, es una especie de Notario de Paz, del Departamento de Estado. Lo conocí cuando yo era Embajador en Naciones Unidas. Es hombre talentoso, ducho negociador, y tiene enorme influencia en Washington. Le cae como anillo al dedo a esta etapa cercana del final del conflicto. Manejará la ayuda norteamericana que habrá para la reconstrucción de una nación, golpeada con rigor por la peste de la violencia.Hay grandes lecciones sobre el absurdo de un enfrentamiento que se degradó, no tuvo vencedores: inútil y sangriento. Al final del tenebroso episodio, su espantable saldo de muertos, secuestros, tomas de poblaciones, desplazados, etc, etc, quedó claro algo bueno para repetir: la violencia no resuelve nada. Por el contrario: agrava los males. Tanta desolación y muerte -incluidas mujeres y niños- no solucionaron ningún problema. Agregaron otros al rosario de los nuestros. 54 años después, regresamos a la única solución eficaz, digna, respetable: el acuerdo pactado en las conversaciones. Se llegó al convencimiento que la guerra es suma de la imbecibilidad humana, y el diálogo era inevitable. El silencio de los fusiles produce efecto inmediato. La etapa de consolidar la paz, es más dilatada, compleja, costosa, pero ineludible. Debemos contribuir a ella con voluntad, paciencia, y confianza en el futuro. Es mucho lo que hay que hacer. ¿Cómo solucionar el problema de los desplazados; encontrar una salida al asunto de los miles de desmovilizados de la insurgencia? Nada sencillo, pero tampoco insuperable. No tengo duda de la capacidad del pueblo colombiano frente a sus grandes retos. Si superó la guerra de 54 años, es muy capaz de sembrar paz duradera en su martirizado territorio.

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