No la regalan

No la regalan

Marzo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La paz no la regalan. Hay que conquistarla con un esfuerzo colectivo inmenso. Y lo esencial: voluntad política de las partes. La paz integral no se conquista solo con la firma del cese al fuego, en La Habana. Es esencial el afortunado comienzo de la pacificación, pero queda por recorrer un largo y complejo camino de acciones complementarias; hechos que comprometen a las mayorías nacionales para realizar cambio sustancial en el desarrollo del país; y medidas especificas para que la paz se convierta en realidad perdurable. Pasar de la retórica pacifista, a la reconstrucción real de una nación perturbada por 54 años de guerra salvaje.El cese al fuego tiene alcance imponderable. Es el convencimiento de las partes enfrentadas de la inutilidad de las armas para la solución de los conflictos políticos y sociales. Crear condiciones para reparar el grave daño del enfrentamiento armado y realizar, bajo la dirección de la presidencia y la ineludible colaboración ciudadana, un gigante proceso de renovación y obras numerosas para adecuar al país en el desarrollo del siglo actual. Es acto, de vital importancia, no debe tener reversa en el futuro. Para lograrlo hay que entender que no basta que las armas se echen al mar. Hay que resolver problemas que afectan a las zonas más desprotegidas y son semilleros de violencia. La paz hay que verla, para crearla. Lo peor que puede pasar en el futuro es que los colombianos piensen que el gobierno –solitario- puede acabar no solo el fuego de las armas, sino sembrar la paz y lograr la recuperación colectiva. Firmado el acuerdo toda la nación debe afrontar, implementar, trabajar, en el propósito de borrar toda huella de la insensata violencia vivida. Ese compromiso social, debe ser el ‘propósito nacional’ que no hemos tenido en tantos años. Los partidos tradicionales -que perdieron vitalidad ideológica y sitio en la etapa turbulenta actual- podían llegar a un acuerdo en ese propósito. Nuestro gran problema no consiste solo en acabar con la matanza interna que debe cesar para siempre. Hay que atacar las dificultades sociales; incorporar la nación al proceso de desarrollo del Siglo XXI; y entender que es mejor realizar el cambio por las buenas y no esperar un estallido social violento; o que se pretenda hacer por las malas. El país está a punto de lograr el silencio de las armas y entrar en la solución de sus conflictos sociales.Es justo que reciba solidaridad latinoamericana y ayuda internacional en ese propósito.

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