No hay conflicto…

Agosto 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

“En Colombia no hay conflicto”. Así lo afirmó un alto funcionario del gobierno. Días después, la guerrilla realizó dos operativos que dejaron el saldo de 30 muertos de las fuerzas oficiales. ¿Cómo se llamará eso? Y los 220 mil muertos en 54 años de combates, ¿qué son? Intentar ocultar por voceros del Estado la dura realidad de un enfrentamiento que pasó de cinco décadas, no solo es mentiroso: es un insulto a la sociedad. Que está fatigada de la barbarie de la lucha interna y de sufrir las consecuencias de esa guerra doméstica. Que desangra el presupuesto y afecta el desarrollo nacional. Otra cosa es que –según expertos en el enfrentamiento- las Farc están disminuidas en sus hombres, pero conservan capacidad ofensiva.Cómo van las cosas –y ojalá esté equivocado- la paz no la verá mi generación. La verán nuestros hijos, ¿o nuestros nietos? Lo que sí advertimos, es el incremento de las operaciones de la guerrilla. Que –en mi opinión– tienen que ver con las conversaciones de La Habana. Las Farc quieren demostrar que están fuertes y así aumentar su capacidad negociadora en la capital cubana. El hecho es que la fuerza empeñada en acabar con el sistema democrático, es capaz de dar golpes muy duros en esta etapa de la larga, absurda, costosa, criminal contienda, que azota a una nación que se merecía otra suerte. Entre más bajas causen, más se valorizan. Esa parece su estrategia. Sí. Ya pasamos de 50 años de matarnos unos con otros, con periódicos –y fallidos- anuncios de “conversaciones”, y no pasa nada serio. Seguimos en lo mismo y así seguiremos hasta que el infierno se congele.La gente adopta su forma de existir. Ser médico, abogado, cura, ingeniero, o veterinario. O ladrón, que eso también tiene clientela. En el caso nuestro, la guerrilla se volvió una manera de vida. Son más de cinco décadas de darnos bala. A cada rato se grita que “hay conversaciones de paz”. Tirios y troyanos se sientan muy majos en selectos y lujosos escenarios. Nadie sabe lo que hablan, y -al final- después de frases de ocasión para disimular el fracaso, todos van a sus viviendas a esperar otras temporadas de charlas bien remuneradas. Es el diálogo eterno al que los colombianos han terminado por acostumbrarse. Que -en su esencia- es mucha publicidad en los medios y mucha… muchísima paja.

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