Ministerio del Medio Ambiente

Diciembre 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La Amazonía es un gran pulmón del mundo. Lugar donde viven más de trescientas especies de animales, algunas de ellas en camino de extinguirse por la agresión del hombre. Es gigantesco bosque protector del agua de sus enormes ríos. En fin, una región que la humanidad, y en particular países que –como Colombia– tienen intereses allí, deberían tratar como santuario natural inviolable. Nada más distante de la realidad. Hace centurias ese mágico territorio de importancia universal, es atacado por centenares de depredadores; empresas enormes que talan sus árboles –sin respetar los que tienen valor inapreciable y sin vitales para la salud y el medio ambiente– para alimentar un negocio abominable. Su venta para producir madera y acabar los bosques con fines comerciales.La tala indiscriminada de árboles es agresión mayor a cualquier nación. Son elemento básico para el mundo. Este drama de desolación, descuido criminal, falta de recursos indispensables, ocurre en la Amazonía por culpable negligencia de las autoridades que lo toleran.La acción de los gobiernos para impedir ese crimen contra la naturaleza, fuente de vida para los seres humanos, es ínfima. No tiene un adecuado presupuesto, seriedad, ni eficacia. Como siga esta conducta irracional, monstruosa, se demuestra que el hombre es capaz de matar la fuente de la existencia. En 30 años –según expertos– si continúa la paulatina destrucción de la Amazonía, esa tierra será famoso cementerio de animales y plantas de valor incalculable, que demuestran que el hombre es el gran depredador.Colombia “lucha por reducir a cero la deforestación de la Amazonía” e invitó a Brasil a campaña conjunta contra esa práctica criminal y reducir “de inmediato” sus perniciosos efectos. En una iniciativa que debería comprometer a toda América Latina. Si la humanidad no cuida su entorno va camino a perecer. La negligencia de los gobiernos en ese problema vital debe ser castigada por la vía democrática de la protesta pública, constante, enérgica.Sería útil que en el Congreso se debatiera –con seriedad y conocimiento del tema– la propuesta de crear el Ministerio del Medio Ambiente. Que como su nombre lo indica protegería de la destrucción de bosques y otras especies vegetales y promovería la siembra de ese invaluable patrimonio.

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