México: gloria y violencia

México: gloria y violencia

Octubre 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En poco tiempo tomará posesión de la Presidencia de México, Enrique Peña Nieto, joven figura del Partido Revolucionario Institucional, el PRI, partido que ha sido el gran elector en la historia de ese gran país, azotado por la corrupción y la violencia de ‘carteles’ que se disputan a muerte el control del tráfico de drogas. México se ha convertido en estación de tránsito por su vecindad con Estados Unidos. Esa nación ha ganado notoriedad con su vida intelectual, la más grande del Continente. Pero es, también, un país con elevados índices de violencia y corrupción en el Gobierno y fuera de él. Duele reconocer ese hecho, que los propios mexicanos aceptan con dolorida resignación. Los célebres ‘carteles’ se han encargado de labrar esa triste fama que le hace daño permanente. Son organizaciones criminales de tenebroso poder, con inmensa capacidad económica, con ‘padrinos’ en las esferas del Gobierno y otros estamentos sociales, que les permiten disfrutar de un manto de impunidad para su actividad. Eso viene ocurriendo hace largo tiempo en una nación que ocupa alto sitio en la escena continental. A esa deplorable situación -que es una mancha en su historia- han contribuido sectores del PRI. El partido que ha tenido décadas de gobierno, ganó la elección a la Presidencia y volvió al poder con Enrique Peña Nieto, con pinta de galán de cine, escogido con el propósito de borrar la mala imagen del PRI. Los analistas más notables de la vida política opinan que tendrá escasa autonomía en su Gobierno, manejado por el cenáculo del Partido Revolucionario Institucional. Los caciques de ese partido, con tantos años en el poder, tratan su nación como una finca productiva y poco costosa. México es un país con riquezas, incluido su petróleo, que despierta el interés de las naciones industrializadas que lo necesitan para su desarrollo. Tiene, además, influencia política en América Central y es un factor con el cual hay que contar en la vida latinoamericana. Resulta deplorable que la violencia y la corrupción se mantengan. ¿El nuevo presidente gobernará con autonomía y autoridad suficientes para limpiar su nación de esa mancha que tanto la afecta? Muy difícil que así ocurra. Pero no imposible. A México le ha llegado una hora cenital en su historia. Ojalá la aproveche para el bien de su pueblo admirable y en beneficio de América Latina.

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