Los ricos también lloran

Agosto 16, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Como en el título de la comedia Los ricos también lloran, la nación que ha sido la “policía del mundo”, la primera potencia militar y económica del planeta, la cabeza de la democracia de Occidente, el motor del desarrollo universal, ha entrado en una crisis impredecible. Que podría terminar en un colapso que sería un duro golpe al Way of Life de la opulenta –pero vulnerable– sociedad de Estados Unidos. Que se había mantenido por más de cinco décadas con una economía rica y segura. Pero a quien llegó la turbulencia económica que afecta el planeta. Y la descalificación que hizo “Standard y Poors” a los bonos de deuda soberana del tesoro norteamericano, considerados como los más seguros del mercadoNo es nada atractivo lo que ocurre con la economía de EE.UU. en la actualidad y –menos- lo que viene. Las repercusiones políticas y sociales comienzan a sentirse. El negro panorama se sustenta en cifras astronómicas publicadas en este diario. Estados Unidos vive un agudo desempleo. Entre diciembre del 2007 y junio del 2009, se perdieron cerca de 8,5 millones de empleos. Eso ha generado malestar y afectó la imagen del presidente Obama y su aspiración a la reelección –catorce millones de norteamericanos no cuentan con un trabajo estable. El panorama tiene semejanzas al de cualquier nación del tercer mundo. Esa situación que se degrada sin pausa provoca repercusiones mundiales. En particular. En América Latina de tan estrechos vínculos con el Tío Sam. Que ya no es tan rico. Ni tan amistoso, en cuanto a ayudas a los países en vía de desarrollo. ¿Qué pasó con Norteamérica? Está pagando varias decisiones equivocadas y muy costosas. Las guerras en las que se comprometió se convirtieron en largos procesos de desgaste, a costos gigantescos. Por décadas, se ha gastado más de lo que se recauda y la deuda ha venido creciendo a velocidad que supera todo cálculo.Lo que ocurra en el futuro en EE.UU. –y nada indica que sea favorable– tendrá efectos devastadores en la economía mundial. Que tampoco vive un buen momento, en especial en Europa. De ese cuadro tan preocupante se salvan los asiáticos, con China y Japón a la cabeza. En alguna medida, por imperativos del mercado, el desarrollo de los europeos está en manos de los asiáticos. El poder mundial cambia a gran velocidad de un continente a otro. En una situación tan volátil resalta algo muy serio: no hay un liderazgo mundial fuerte y reconocido. Eso hace más grave la crisis.

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