La segunda etapa

Mayo 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El presidente Santos soporta impresionante baja de aceptación. Solo un raquítico 21% -informa la última encuesta- apoya su gestión. Eso ocurre en un país atormentado por una guerra interna de 54 años; un enfrentamiento político múltiple; sin un propósito de gobierno definido; ausencia de un partido de gobierno fuerte; y -lo más negativo y perturbador- la guerra que es monumento a la más despiadada crueldad y hace daño letal al país que recibe sus efectos.Lo que tiene que ver con la sistemática matanza es equívoco, dudoso y complejo. Después de repetidas conversaciones de paz -que fueron memorables fracasos que dejaron honda huella de frustración- se llegó al acuerdo que deberá firmarse por gobierno y Farc en La Habana. Con ese acto no termina el proceso de paz. El gobierno y la sociedad deben afrontar el complejo y costoso proceso de sembrar paz y reparar estragos que dejan tantos años de absurda violencia.Unas 30.000 personas deberán reintegrarse a la sociedad. Es impacto grande e ineludible. Vivienda, salud, educación, etc. que debe procurarse para número tan elevado, no es poca cosa. Es obvio que el gobierno, sin la colaboración concreta de la sociedad, no podría cumplir semejante obligación. Esta parte es muy seria y complicada de lo que vendrá con la pacífica etapa que esperamos. No hay otro remedio que afrontarla con decisión. A la concordia hay que darle oxígeno, vida, financiación. Y tener certeza que al colaborar en el empeño, estamos dando aliento y destino a una nación golpeada por la desgracia.En la segunda parte del final del conflicto, la intervención de la sociedad es ineludible: su colaboración otorga dinámica y convierte el fundamental asunto en un problema de Estado. Si esa colaboración se otorga, y el gobierno hace lo suyo, se avanzará en la tarea de subsanar el agravio causado, y regresar a la nación todo lo que perdió en décadas de una violencia extrema: que amenazó la estabilidad democrática y causó heridas muy serias en el cuerpo de nuestra patria, perturbada por 58 años de violencia.La pacificación es última oportunidad de llevar adelante una paz duradera y un proceso económico y social de vastas proporciones.Ese es el gran desafío que nos compromete a todos. -Que se realice, es asegurar un buen futuro para el país-.

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