La Rábida: recuerdo de Colón

La Rábida: recuerdo de Colón

Agosto 09, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Cuando uno entra a ‘La Rábida’ –en España– siente que allí comenzó todo. Al caminar por el portal de piedras rojas que se conserva tal como lo viera Cristóbal Colón el día de su llegada al convento y se adentra por los largos corredores, siente que pasaron los árabes. Maestros en distribuir los espacios, canalizar el agua y llenar de flores y plantas el alto promontorio donde se vislumbra el azul del océano. Allí se gestó la más grande aventura del hombre: el descubrimiento de América.El gran protagonista del fabuloso viaje que partió en dos la historia del mundo, fue Cristóbal Colón, “Almirante de la mar océano”, quien murió convencido de haber descubierto las “Indias Occidentales”. El visionario, el iluminado de férrea voluntad y aventurero genial, cuya existencia ha provocado polémicas interminables entre historiadores que lo consideraron como un bribón codicioso y astuto con talento innegable para navegar. Al paso que otros lo elevaron a la categoría de santo que decidió cruzar mares desconocidos, en frágiles carabelas, para traer el mensaje de la fe católica. Su intrigante existencia se inició en 1451 en las montañas de Liguria, al norte de Italia, en el seno de una familia de tejedores de lana. Luego recaló en Génova: un puerto cosmopolita; tierra de mercaderes, banqueros, marineros, prostitutas y aventureros apasionados por el mar y los descubrimientos. Ellos sembraron en el cerebro fértil de Cristóbal, su desesperado amor por la aventura, la fama, la gloria y la riqueza. Era un don nadie. Sólo en 1492, complicada la formidable hazaña del descubrimiento que cambió la historia, la geografía, la economía, la astronomía, la botánica y el poder, fue elevado a las más altas dignidades.El contacto con el mar define su prodigiosa y contradictoria existencia. Pronto se convirtió en un marino curtido que pasaba días enteros estudiando mapas y leyendo todo cuanto podía sobre viajes y descubrimientos. Concibió su obsesiva idea de ir a las Indias por Occidente. En Portugal, fracasó en su propuesta al Rey Juan II. Entró en contacto decisivo con los frailes de palos y terminó en La Rábida: cargado de mapas y estudios. El padre Antonio de Marchena, Franciscano de la escuela cosmográfica de Duns Scoto, fue con Juan Pérez –el prior del convento– los que dieron apoyo definitivo al proyecto de Colón presentado a la reina Isabel. Se gestó así uno de los más grandiosos episodios en la historia de la humanidad.

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