La OEA: inútil y Costosa

Noviembre 16, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

¿Para qué sirve la OEA? Para nada. Está quebrada y si se acaba los únicos damnificados serían los 34 embajadores y el ejército de burócratas de alto nivel que se desviven por permanecer en la bella Washington. Es un organismo inútil y costoso con 62 años de existencia que poco, o nada, ha dejado en su historia. El propósito de uno de sus eminentes fundadores, Alberto Lleras Camargo, de convertir a la OEA en un organismo clave para la unidad del continente, se frustró. Vencido por la falta de unidad de las naciones que la integran, los minúsculos apetitos nacionalistas, la proliferación de intereses contrapuestos y el desvío manifiesto del ‘Gran Hermano’: Estados Unidos. A quien nunca le ha interesado que América Latina actué con real unidad en la política internacional y –en particular- en sus relaciones con ese país.La OEA está allí: cada vez más vieja, inútil y plagada de burócratas de copete. Nunca ha evitado una guerra entre latinoamericanos. Ni siquiera la “guerra del fútbol”, entre El Salvador y Honduras. Tampoco hizo nada valedero por las frecuentes intervenciones de los ‘marines’ norteamericanos en territorio de América Latina. No condenó a los sanguinarios tiranos que llenaron de luto y horror a sus pueblos. Ha dejado pasar la plaga del narcotráfico, el gran negocio del tráfico de armas, la corrupción, los perniciosos efectos del abandono del medio ambiente. Tampoco le ha quitado fuego a la caldera de la injusticia social. Burocratizada y pomposa, es símbolo de la debilidad histórica de esta parte del planeta.“Divide y reinarás”; es la fórmula que Estados Unidos aplica en sus relaciones con las naciones latinoamericanas. Una táctica que ha practicado con provecho. A Latinoamérica nunca le ha unido, de verdad, la lengua -lengua común-, la religión mayoritaria, la herencia étnica, o la gesta de independencia. Fue la deuda interna y la crisis de los años ochenta, el origen de la unidad en el Mercosur.Latinoamérica tiene intereses distintos a los de Norteamérica. Que actúa con el criterio de ‘patio trasero’ que ha mantenido por más de 150 años. Si continuamos divididos, débiles, sin una política común para defender nuestros legítimos derechos; sin un organismo regional que nos represente con decisión e independencia y negocie con Estados Unidos en términos de igualdad, nos mantendremos en desventaja. La unión de nuestros países no es una expresión retórica. Es asunto de independencia política y necesidad ineludible en un mundo globalizado.

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