La legítima defensa

La legítima defensa

Julio 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Utilizar la violencia como método para solucionar los problemas sociales se ha convertido en un hábito malsano y explosivo que afecta la paz nacional y mina el Estado de Derecho. Grave daño se le hace a la democracia, cuando la solución violenta se impone y se arrincona la vía de los métodos pacíficos previstos en la Constitución y la Ley. Como ocurrió con la asonada de los indígenas contra el puesto militar del cerro Berlín, en Toribío. La dramática fotografía publicada por este diario, es una triste página de la vida nacional. Con soldados en el suelo recibiendo una paliza del grupo de indígenas, sin saber qué hacer con sus fusiles, en cumplimiento de la orden de abstenerse de utilizarlos siquiera para alejarlos.Esa situación tuvo pésima repercusión en las Fuerzas Armadas. No se trata de invitar a la Fuerza Pública a que dispare a quien se les ponga por delante. Pero impedir que utilicen sus armas de dotación para defender su vida y preservar el orden público, es una torpeza que viola la función que la Constitución les otorga. Siempre habrá que luchar contra las soluciones de fuerza en la medida en que se puedan evitar. Pero dejar el camino libre para que los violentos se impongan por falta de respuesta de las fuerzas del Estado, es inadmisible.Las repercusiones del caso del cerro Berlín, crearon palpable sentimiento de rechazo y estupor. ¿Quién dio las órdenes para el manejo de esa situación que puso a los soldados a escarbar la tierra, confundidos con sus fusiles, en una actitud que produjo indignación colectiva?No se trata en esta columna de hacer una apología de la violencia indiscriminada, como método único para la actuación de soldados que combaten por una sociedad democrática. Eso sería un error mayúsculo. Pero, en las Fuerzas Armadas, ese caso dejó una palpable actitud de frustración y rechazo. Combatir con valentía en las montañas y dejarse apalear en pueblos cercanos a las grandes ciudades, es inadmisible.Hay que suponer que la situación a la que se llegó en Berlín no sea parte de un plan adoptado como estrategia. La legítima defensa –personal y colectiva– es un derecho inviolable. Ejercerla, cuando se provoca, es una respuesta natural. Quienes deseamos una solución negociada a nuestro conflicto, estamos en la obligación de apoyar el derecho a defenderse de la agresión, venga de donde viniere. Como se desarrolló en el caso citado.

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