La gran política de paz

Agosto 31, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Sólo un 6% de los ciudadanos entrevistados por el Centro Nacional de Consultoría para el Noticiero CM& tiene una opinión negativa del desempeño del presidente Santos. Un abrumador 84% piensa que ha sido excelente. Juan Manuel ha obtenido un apoyo que muy pocos presidentes han logrado en la historia nacional. Es una especie de rey sin corona, un demócrata integral, un liberal de tiempo completo que tiene todo en la mano para hacer un gobierno que recupere al país de plagas como la guerra interna, el narcotráfico y la corrupción que invadió sectores del gobierno y la sociedad civil.Ya es hora de pensar -y practicar- una política integral que afronte los problemas capitales de una sociedad que -de no ser resueltos- corre el riesgo del colapso de sus instituciones democráticas, en un proceso de crisis terminal. Como decía Lenin, “el basurero de la historia”. Esto no es una exageración. Décadas enteras de una violencia brutal -con un impacto económico incalculable- provocaron una especie de resignación colectiva frente a esa desgracia, que es mirada con creciente alarma por la comunidad mundial y -en especial- por Latinoamérica. El riesgo de contagio de la tragedia colombiana afecta de manera directa las relaciones con nuestros vecinos. Nos hemos convertido en una nación infectada por el cáncer del odio y la lucha interna que muchos países latinoamericanos piensan -en privado- debería ser aislada.La paz es la tarea histórica que espera a Santos con apoyo nacional vigoroso y total de los estamentos democráticos. Ha llegado al gobierno con el más amplio y fervoroso entusiasmo que se recuerde. Y con la más grande esperanza de que devuelva a Colombia la paz en sus cuatro años de gobierno y la posibilidad de cuatro más por reelección. Tiene tiempo suficiente para lograrlo. El país no puede seguir en la idea que la confrontación armada es eterna. La resignación es una de nuestras mayores desgracias. Hay que superarla.No se trata de exigir que, de la noche a la mañana, Santos logre la paz. En esto no hay milagros. Pero la solidaridad, el esfuerzo unánime, el apoyo al nuevo gobierno y al Presidente, la revisión crítica de lo que se ha hecho hasta el momento, tendrán que dar resultado. Acabar con esa desgracia colectiva que amenaza nuestro futuro debe ser el gran “propósito nacional” del que habló Alberto Lleras. Santos tiene oportunidad excepcional para lograrlo.

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