La fuerza de la unidad

Mayo 31, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En la unidad reside la fuerza de los bloques mundiales. En el caso de los europeos, la creación de la perdurable alianza de los países del viejo mundo fue punto de partida para establecer una fuerza política y económica que cambió el mapa del poder mundial. Un ejemplo que debieron seguir hace tiempo las naciones latinoamericanas.Los dirigentes del Continente, en la mayoría de sus intervenciones, aluden con cierto dramatismo a la unidad de nuestras naciones. Al oírlos, cualquiera piensa que somos un bloque sin fisuras. Con metas políticas afines, una posición conjunta frente al poderoso vecino norteamericano y firme actitud en defensa de los intereses de la región. No es así. En la práctica, la unidad de nuestras jóvenes repúblicas es más retórica para foros regionales que realidad concreta y operante. Hay diferendos, de viejo y nuevo cuño, que se mantienen con persistencia. En muchos casos –como el de Colombia y Venezuela– son socorrido instrumento al que se acude, en público y en privado, para ganar apoyo en el gobierno, mantener la imagen de defensores de la nación y satisfacer a sectores que no esconden su simpatía por una salida de fuerza para ese tipo de confrontaciones.América Latina –que trata de esconder sus discrepancias regionales– no pesa en el escenario universal. La mayoría de los gobiernos europeos y asiáticos piensan que nuestro continente es una finca productiva y poco costosa. Administrada por Estados Unidos. Que se encarga de mantener a distancia otros bloques interesados en vínculos políticos y comerciales más estrechos.En el caso de Asia, hay una relación económica y de intercambio comercial que va en aumento con la República Popular China. Que –como se reconoce en todos los círculos del poder mundial– se ha desarrollado con rapidez y eficacia. Los chinos tienen un poder militar y económico que les permite tratar de tú a tú al coloso norteamericano. En la última década su avance en Latinoamérica ha sido notable. Eso preocupa al padrino mayor que no está en condiciones de impedirlo.Hay algo que conspira contra el desarrollo regional. Es el nacionalismo agresivo que aún se mantiene. Y –por supuesto– la desunión que persiste y de la cual hay ejemplos claros. Como el no lograr acuerdo en un candidato de la región para dirigir el Fondo Monetario Internacional. Hay que repetirlo hasta el cansancio: o estamos unidos, o estamos perdidos...

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